Dormir con los demás mientras que las citas

El individuo (cuento)

2020.02.19 22:15 paleuribe El individuo (cuento)

El individuo es un invento de la cultura occidental, un centro imaginario en torno al cual se orienta su actividad que le permite arrojar productos al mundo y que éste se los devuelva en forma de dinero, con lo cual podrá seguir repitiendo el proceso indefinidamente hasta que sus manos pierdan su fuerza y su mente su orientación y sea arrastrado por la entropía y el frío eterno del universo estabilizado. Pero esto el individuo no lo sabe, o lo sabe de una manera vaga que le permite sumergirlo con el resto de imágenes y sensaciones en el basurero de su conciencia, de la cual resurgen de vez en cuando ideas desagradables pero que siempre podrá, con un poco de esfuerzo y algo de sedantes, suprimir.
A pesar de ello, hay algo de admirable en el individuo, una persistencia inamovible en aquello que lo destruye, tanto más admirable por el hecho de que aquello no le retribuye, salvo en cortos y leves momentos, ningún beneficio. No hay certeza más fácil de refutar que el supuesto egoísmo que lo motiva: si fuera realmente egoísta, este sistema no se mantendría un solo día en pie. Lo cierto es que el aparente egoísmo del individuo no es más que una solidaridad absoluta con el futuro, que él se imagina como dirigido en su propio provecho; el futuro estaría dirigido hacia su progreso, sea como sea que se imagine ello el individuo. Pero lo cierto es que el futuro es el futuro del sistema mismo, de su eterna repetición, que utiliza al individuo hasta que no tenga más futuro que exprimirle, abandonándolo después al infierno particular que tiene para aquellos que juzga como inútiles.
Una de las grandes preocupaciones del individuo, y quizás la única, es la de si él en efecto es un individuo, y si los demás individuos realmente lo son. Para ello, dispone de una serie de hipótesis que elabora y rumia día tras día, muchas veces mientras está ocupado en sus tareas. Algunas veces piensa que es el único individuo que ha existido y que podría llegar a existir, elucubrando ideas torpes acerca de cómo las cosas del mundo se deducen de él, como quien se limita a poner valores en una ecuación. Otras veces, presa de un excepcional entusiasmo, piensa que todos los individuos existen, y que son como él, e incluso que en el fondo son todos un mismo individuo que el sistema se ha encargado de dividir y aislar. Pese a estos altibajos, la mayoría de las veces el individuo se limita a pensar que los demás individuos existen, y que son estúpidos.
La apreciación y la estimación de la magnitud de la estupidez de los demás individuos es uno de los pasatiempos favoritos del individuo, y quizás a estas alturas el único que le queda. No son buenos tiempos para el individuo: está todo demasiado saturado de ideas y acciones, de estímulos y respuestas, como para mantener un mínimo de estabilidad emocional. El individuo siente que pierde su centro, y teme que sus complejos, que tanto le ha costado cultivar, se independicen y se dispersen y lo dejen en la nada que en verdad es, en un perpetuo mirarse en el espejo. El individuo teme, solo de eso está seguro. Desconfía de las ideas y los estímulos que le llegan, lo aterroriza que sus acciones y reacciones sean manipuladas por esos individuos estúpidos pero astutos, o por individuos astutos que los dirigen a ellos, o por fuerzas ocultas que dirigen todas las acciones humanas, que todos pueden ver excepto él.
El individuo percibe una idea, pero no sabe si es de él. Aunque más que una idea, es una voz, que le exige una respuesta. El individuo no sabe qué responder, no solo porque no sabe la pregunta ni a quién responderle, sino que sobre todo porque siente paralizada su conciencia: el temor a la respuesta adecuada lo hace entrar en un ciclo de estímulos e ideas, cuya extensión aplazada hasta la náusea lo hace retroceder hacia sí y limitarse a mirar al mundo con ojos inmensos, que ya no se dedican a mirar sino a esperar la piedad del mundo para que no lo aplaste.
Pero el mundo no lo aplasta; se limita a insistirle con una pregunta: qué opina. El individuo entonces comprende que la voz no viene de algún lugar oscuro de su conciencia, sino que es la voz de otro individuo. Percibe que el individuo está rodeado de otros individuos, que están en un recinto donde se encuentran aún más individuos, que están hablando, riendo, bailando; siendo, en definitiva, individuos. Los individuos que lo rodean lo quedan mirando a la espera de su respuesta, al parecer el único momento en que el individuo irrumpirá en el mundo, en que cortará el flujo normal de los acontecimientos para revelar su único e irreductiblemente diferente punto de vista acerca del mundo, en que podrá intervenir y quizás cambiar el punto de vista de algunos de los individuos presentes, que a su vez reproducirán en sus interacciones con otros individuos tal cambio en la forma de ver el mundo, cambiando así el mundo, aunque de forma mínima, sí irreversible.
El individuo sonríe. Intenta decir algo gracioso pero no sabe cómo rematar, aunque de todos modos nadie nota que esa era su intención. Intenta recordar las palabras que los demás compartían antes de que le preguntaran, recuerda algunas palabras pero no sabe cómo usarlas. Habla en términos genéricos y sabe que bien podría dejar de hablar en ese momento y que ello no haría ninguna diferencia. Pero los ojos de los individuos ejercen sobre él una fuerza desconocida que lo lleva a no poder dejar de seguir balbuceando, a seguir encadenando palabra tras palabra su ruina. El individuo nota que poco a poco los rostros de los individuos comienzan a hacer gestos de burla y luego de indiferencia, y uno tras otro se voltean hasta dejar de fijarse en él. El individuo toma la lata de cerveza más cercana y, sin despedirse de nadie, sin que nadie lo note, abandona el recinto.
El individuo sube a la primera micro que ve en la calle, no sabe hacia dónde irá. Se sienta en el fondo de la micro y abre la lata de cerveza, la toma mientras mira por la ventana y escucha por sus audífonos música genéricamente deprimente. El individuo mira su rostro en la ventana pero no puede reconocerse en él, como si siempre hubiera carecido de rostro y justo ahora que requiere mirarse en uno el mundo le arroja un rostro a la rápida, hecho sobre la marcha. Piensa que no pertenece a nada, ni siquiera a sí mismo. Qué es lo que se individúa en el individuo entonces, se pregunta el individuo. Piensa entonces en sus hipótesis acerca de los individuos, cree comprender lo que ocurre cuando en realidad sólo se dedica a rumiar una y otra vez los mismos pensamientos, a la espera de un consuelo que a veces imagina como una iluminación espiritual, y a veces, pero esto no le gusta confesarlo a sí mismo, como la llegada de un milagro.
El individuo cae en la cuenta de que en algún momento de la noche sus pasos lo han llevado afuera de lo que llama su hogar, aunque sería más apropiado decir el habitáculo donde arroja su cuerpo de forma periódica, y a estas alturas de forma casi permanente. Se para frente a la puerta, cierra los ojos y respira hondo, luego decide entrar. Arroja a un rincón lata de cerveza que lleva horas vacía. Se recuesta sobre su cama a oscuras, no se molesta siquiera en prender la luz. Revisa en el celular su correo: solo mensajes de ofertas de tiendas, de puestos de trabajo que nunca tendrá, de avisos de deudas que nunca va a saldar. Ningún mensaje de algún conocido, ningún recordatorio de alguna actividad, nada que le dé una señal siquiera ilusoria de que existe. Va al refrigerador, encuentra una última lata de cerveza, al lado de una lechuga quemada hace semanas por el frío y un pote con una comida que hizo la semana pasada y que sabe que en ningún caso se comerá.
El individuo vuelve a recostarse en la cama, con la cerveza en una mano y el celular en la otra. Revisa sus redes sociales, si hay algún artículo interesante, algún video gracioso, alguna imagen que compartir. El individuo siente un deseo, un impulso al que no puede resistirse. Entonces busca en el celular e instala la aplicación de citas que ha desinstalado y vuelto a instalar tantas veces. Al individuo se le aparecen en la pantalla imágenes de individuos con los que podría encontrarse. Las imágenes traen descripciones, pero él ya no las lee hace tiempo, ya adivina la genericidad de ellas: me gustan los viajes, las aventuras, pero también la soledad, no busco nada estable pero tampoco me cierro a nada y la verdad es que busco a ese alguien especial que comparta caminatas, conversaciones, que sepa bailar, pero también cuándo es el momento de escapar de todo y meditar, no quiero a una persona presumida pero tampoco me interesa la gente apocada, si quieres contar tus problemas anda a un psicólogo JA!
El individuo está a estas alturas resignado a todo, dispuesto a todo: pone que le gustan todas las fotos, todos esos rostros que le provocan horror pero que al mismo tiempo no puede dejar de desear. Pasa una cantidad de tiempo indeterminada, quizás horas, hasta que comienzan a aparecer las primeras solicitudes aceptadas. Saluda con un “hola” a esas imágenes de rostros; una buena parte de ellos no responden; otras responden con otro “hola” y poco más, concluyendo con ello la interacción. Sin embargo, tres rostros, tres imágenes de rostros, se muestran se muestran dispuestos a interactuar.
El primer rostro responde a la interacción describiendo su situación actual, actitud descriptiva que deriva de modo más o menos rápido en una descripción corporal de ambos interactuantes, para pasar a la descripción de una imaginaria relación sexual entre ambos, donde abundan las descripciones de formas y tamaños de los órganos sexuales o que pueden ser usados en una relación sexual, descripciones que incluyen las fases típicas de una relación sexual tales como la estimulación previa, el coito en variadas posiciones y la eyección de fluidos que caracteriza la fase final. El individuo, notoriamente excitado, le pregunta al rostro si pueden juntarse en algún momento, de ser posible en ese mismo momento. El rostro parece de pronto reticente a interactuar, y finalmente deja de hacerlo del todo.
El individuo pasa entonces al segundo rostro: parece tan solitario como él, tan desilusionado como él. Arrebatado por la aparente coincidencia entre los destinos de ambos, comienza a contarle acerca de su vida, sus miedos, sus fracasos, con la impulsividad que da la certeza de que al otro lado de la pantalla hay alguien que comprende todo eso porque también lo ha vivido. El individuo, sin embargo, comienza a notar, entre los mutuos relatos acerca de sus miserias respectivas, que el rostro comienza a distanciarse de lo que había dicho. De pronto comienza a comentarle acerca de sus encuentros con otros usuarios de la aplicación, hasta que, transcurrido un largo tiempo en ello, comprende que el rostro usa la miseria que el individuo le expuso para valorizarse a sí en la jerarquía imaginaria de la aplicación, con lo cual podría tener mayor chance de tener un encuentro exitoso con un usuario de mayor valor que él. Una vez que descubre el truco, abandona la conversación.
Pasa entonces a interactuar con el tercer rostro. Capta de inmediato el carácter del rostro, a pesar de lo esquivo de la imagen: un rostro devaluado, de un valor ínfimo, un rostro que grita en una única imagen sombreada su lugar bajo, casi postrero, dentro del orden de valor de los rostros ofrecidos en ese espacio virtual. El individuo, ya desesperado a estas alturas y completamente devaluado en sí y para sí, conversa con el rostro, dispuesto a escuchar y aceptar todas sus banalidades: que hay música que le gusta y música que no, que a veces le gusta estar en casa y a veces no, que a veces está triste y a veces no. El individuo responde que sí a todo: sí, las películas deberían ser así, sí, las comidas deberían prepararse así, sí, la vida debería ser así, sí, sí y sí. El individuo le plantea a este rostro, reducido en su valor a prácticamente nada, que, ya que es evidente que hay una casual y sorprendente coincidencia de gustos y opiniones, podrían tal vez, solo tal vez, juntarse algún día en un parque a conversar, para seguir haciendo inventario de tal increíble cantidad de coincidencias. El individuo espera ansioso su respuesta. El rostro le responde con el equivalente tipográfico de una sonrisa, y no vuelve a responderle más.
El individuo mira la pantalla negra de su celular impávido; de pronto, en un gesto casi automático, sin rabia, arroja su celular contra el piso. Casi de inmediato se levanta de su cama a recoger su celular; se trizó algo la pantalla, pero sigue funcionando. El individuo va al baño a buscar un pedazo de papel, vuelve a recostarse en su cama y se pone los audífonos. Pone entonces en el celular su página de pornografía habitual, la única que visita desde hace años. Ni siquiera se molesta en buscar videos que sean de su gusto, o que le generen algún tipo de curiosidad; se limita a revisar las sugerencias de la misma página, que ya lo conoce bien y que sabe exactamente qué es lo que querrá ver en ese momento. De todos modos, poco le importa ver algo en particular: más que de excitación, se trata de adormecimiento. Selecciona un video, ve algo del comienzo, algo del medio, y se dirige casi de inmediato al final; se masturba sin muchas ganas, pero la ilusión de simultaneidad con la escena hace que eyacule sobre el pedazo de papel, que de inmediato envuelve y arroja debajo de la cama.
Se oyen débiles cantos de pájaro, y un rumor de gente dirigiéndose a sus labores. El individuo decide que ya es tiempo de dormir. Busca en su celular alguna secuencia de sonidos que lo ayude a quedarse dormido, que lo acompañe durante ese lapso de tiempo en que olvidará que existe. El individuo, recostado de espaldas con sus audífonos puestos, espera que llegue el momento en que su conciencia se canse de repetir una y otra vez sus ideas fijas, que su propia voz se canse de sí misma y se desplome como por un golpe firme de un fierro directo en la cabeza, mientras de fondo se escucha una voz dulce y susurrante que dice que lo ama, que siempre lo ha amado y siempre lo va a amar, que su amor por él es como un sueño delicado y hermoso del que no quisiera despertar jamás.
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2019.11.05 10:36 Davidemagx Historias del Kiosco 24 Hs (Tres)

Necesito dormir, hice 16 horas de corrido hoy por cubrir a una compañera que tuvo un accidente...

La llamada me llegó alrededor de las 15:30, tenía media cara hundida en la almohada, lo escuché por poco y di el manotazo a los libros apilados que me hacen las veces de mesita al lado de la cama para agarrar el celular apenas con los dedos. Muy torpemente lo acerqué al oído y dije "¿Mmm?", la voz de mi jefe me recibió con un "Chango ¿Me vas a decir que estabas durmiendo?"
- ¿Qué te parece que puedo estar haciendo después de laburarte toda la madrugada?
- No sé, ¿no probaste estar con una mina?
- ¿Tu señora?
- Concha de tu madre... Escuchá, hubo un accidente con el convoy hoy y Carla no va a hacer su turno...
- Entonces ¿pasa el convoy, se accidentan y Carla falta al laburo? Cualquier excusa para faltar.
- No, pelotudo, la chocaron a ella. Por eso no va a venir.
- Ah... Perdón... Bueno. Voy en 20', de paso me contas lo del accidente.
Llegué al kiosco media hora después y mi jefe estaba sentado en la mesa que tenemos armada adentro. Hacía calor afuera, demasiado para ésta época del año, así que se había puesto cómodo con una cerveza que ya iba por la mitad y que tuvo la gentileza de servirme en un vaso plástico tan pronto me vio entrar. Lo tomé y dije "No está mal para desayuno..." y me acerqué hasta el exhibidor donde están los alfajores y agarré un triple de chocolate.
- Descontame luego. - le dije.
- No te hagas drama... - dijo y miró por la ventana a la calle desierta. - Una de las camionetas se desvió del convoy hoy a la mañana, aceleró como para pasar a las demás y no alcanzó a frenar llegando a la esquina de los chinos. Carla estaba cruzando la calle en moto y la agarró en la rueda trasera. Está bien ella, quebrada, pero fuera de otro peligro. Ya está enyesada en su casa. La camioneta fue a parar contra un árbol en la vereda de enfrente y... - miró a la calle otra vez - ahí lo vimos bajar...
- ¿A quién? ¿El chofer? Hasta ahora que me contas esto creía y estaba convencido de que las controlaban por satélite... Bueno, ¿y a dónde está el tipo? Lo tienen preso, me imagino...
- No, se escapó. No dió tiempo de nada. Se bajó de la camioneta y salió corriendo pero...-
- No se habrá ido muy lejos si anda a pie. Como si pudiera esconderse, hay que buscar la cara extranjera y listo.- lo interrumpí.
- Dejame terminar, chango. Salió corriendo muy rápido, a lo Speedy Gonzalez. Los que alcanzaron a verlo de cerca dijeron que era todo negro, cabezón y flaco. Que parecía una sombra larga.
- Una sombra larga, ajá... - Dije tratando de asociar la descripción con algún ente que hubiese visto ya. No había visto nada igual antes.
- Bueno... Me voy a dormir la siesta... - dijo Hugo, mi jefe, y tomando lo que quedaba de cerveza de un solo trago se levantó. - Perdón que te haya hecho venir. Por el doble turno te voy a pagar el triple, sé que estás cansado. Le digo a mi señora que te traiga la cena esta noche. Cuidate chango. - y salió por la puerta sin esperar respuesta.
No voy a aburrirlos con los detalles de la tarde, aburrida y lenta para mi gusto. La rutina ordinaria se siente pesada para el que no acostumbra a tratarla o en mi caso, no estoy acostumbrado a tratar con clientes normales. El único alivio que tuve en ese horario me llegó cerca de las 19:25 cuando vi a Berto saliendo del baño caminando en dos patas, con un sobrecito de Tang de naranja - mango apretado en la axila derecha. Llevaba las patas delanteras echas una copa a la altura del hocico, me llevo un instante darme cuenta de lo que estaba haciendo, se estaba metiendo el jugo como si fuese de la pura mientras casualmente salía al patio por la puerta de atrás, sin prestarme la menor atención. "Mi dosis de normalidad" pensé en ese momento.

Para las 2 de la madrugada estaba a dos tragos de café de alcanzar la velocidad de la luz, en lo que era una mezcla de agotamiento y estados alterados por el exceso de cafeína. Si me hubiese dado un ataque cardíaco entonces habría estado seguro de que sólo se trataba de una corazonada. Tenía tanto Dolca encima que de todas maneras mi cuerpo se habría negado a morir y no, nadie me batió el docla.
Había limpiado el piso dos veces, llenado las heladeras y freezers por encima de sus capacidades normales y pasado el trapo a todos los chocolates y paquetes de galletitas en las exhibidoras de manera que no tenía más qué hacer y las opciones se agotaban rápido. Netflix y Youtube fallaban en mantenerme despierto, no había un alma en la calle, todo estaba tranquilo. De hecho, muy tranquilo... Era raro. No, se sentía raro, como si me estuvieran observando desde afuera. Una mirada intensa capaz de penetrar el vidrio grueso de la ventana, de hecho al mirar por ella vi que la noche era más oscura de lo normal, que las luces no la cortaban y me sentí como atrapado en un cajón. Empecé a agitarme, a respirar hondo mientras una sensación repentina de puro terror me sobrevino salida de la nada. No entendía por qué o qué podría causarlo, después de las cosas que había visto esto era enteramente nuevo. Había maldad en el aire, demasiada como para poder ser tangible, transpiraba por cada poro y temblores se apoderaron de mi cuerpo. Estaba entumecido de pánico y no podía quitar la vista de la ventana, ví entonces la extensión de una extremidad salir desde la oscuridad. Lo que emergió desafiaba completamente todo el sentido de razón que tenía construído hasta entonces, lo que es decir mucho si tienen en cuenta mis experiencias cotidianas en éste lugar. Era alto, dos metros y algo con facilidad, cuerpo delgado, los brazos terminaban en puntas redondeadas y no tenía piés o al menos eran iguales a los brazos, la cabeza era desproporcionadamente grande. Circular, enorme, como un chupetín excepto que en vez de palito negro era todo oscuro y en vez de estar hecho de caramelo estaba hecho de maldad absoluta. Era un... Un... Un hombre palo... ¿Vieron esos dibujos o animaciones con hombrecitos hechos de palitos? Como los que hacíamos cuando éramos chicos al estar aburridos en clase. Así.
Dió un paso hacia adelante y me dí cuenta, tenía abierta la puerta y no había manera de que llegara a cerrarla antes de que lo tuviera adentro... Reformulando no había forma de que yo llegara a cerrar la puerta antes de que... ¿entrara al local? Comencé a moverme forzando cada fibra del cuerpo para salir del estado en el que estaba, tarea que no me resultó nada sencilla, muy despacito como para que no se diera cuenta de lo que estaba por suceder. Logré moverme un paso cuando volví a sentir que me miraba y al ver por la ventana el hombrecito estaba quieto, mirándome fijo a los ojos, ¿cómo sabía yo que me estaba mirando fijo a los ojos? no sé, lo sentí. No tenía ojos por ninguna parte y aún así estaba viéndome directamente a los ojos. Penetrándome... Reformulando otra vez, ¿atravesandome? con la vista! Supe que el sabía lo que estaba por hacer, peor aún, yo sabía que él sabía que yo sabía que él sabía que yo también sabía. Corrí hasta la puerta y por la periferia de mi visión lo ví correr a una velocidad tal que parecía una distorsión. Tres zancadas llegué a dar y quedar frente a la puerta pero me lo encontré de golpe y moviéndose a como una tren bala en dirección a mi, creí que iba a ser mi final, no vi mi vida pasar frente a mis ojos pero sí apreté en asterisco para no desgraciarme de miedo, puse las manos en frente para recibir el impacto y ¡Bam! El desgraciado se dió la cabeza como venía con el marco de la puerta, escupiendo un pedazo de papel de donde la boca debería haber estado, que aterrizó entre mis pies. El hombrecito completó medio giro en el aire y cayó al suelo con fuerza. Inmediatamente me sentí mejor después de eso, tomé el papelito. Escrito en imprenta y con mayúscula decía "D'oh!"

Lentamente se puso de pié y me miró. Otro papel salió de su boca, esta vez me lo alcanzó él, decía "¡Aquí viene el dolor!" y se refregaba la cabeza donde se golpeó.
- ¿Estás citando a Carlito de Carlito's Way? - pregunté y otro papel salió de él, me lo alcanzó gentilmente.
" Sí, sensei!"
- ¿Karate kid? - dije y aún otro papel salió.
"Sí, sensei!" otra vez.
- Entonces... No hablás y te comunicas con estos papelitos. De eso puedo darme cuenta... - el hombre se puso de pié sin dejar de refregarse la cabeza. -... ¿qué sos? no había visto uno como vos antes. - pregunté. Otro papel.
"¡Soy tu padre!"
- Star Wars. te afectó el golpe parece...
"Sin daño cerebra-bra-bra-bra-bra"
- Homero Simpson cuando se arrancó el chip. ¿Hablás en citas entonces?
"Sí, sensei!"
- Bárbaro... - pausé por un segundo. - ¿Me vas a matar? -
"¿Matarte? No quiero matarte..."
- ¿Entonces a qué viniste?
"Haz el amor y no la guerra."
- ¡Epa! No me gustó nada ahí. ¿Venís a violarme?
"No Lisa, no estoy comiendo sapos"
- ¿Ah?
"¡Nooo!"
- ¿Darth Vader en el episodio III?
"¡Simón!"
- ¿De donde carajo sacas las citas?
"Usamos la red mundial de redes."
- Me estás jodiendo... Optimus Prime en Transformers. ¿Y no podías aprender a hablar bien?
"La educación hace al sabio un poco más sabio, pero hace al idiota infinitamente más peligroso."
- No tengo idea de cómo interpretar eso... ¿Y de donde carajo salen tantos papeles? ¿Sos un robot, una impresora? ¿Qué sos? - tras unos segundos tres papeles salieron de el hombre palo respondiendo por separado cada pregunta,
" Bueno, pues , no se...mmm"
"No me pregunten quién soy ni me pidan que siga siendo el mismo." y,
"Lo siento, mis respuestas son limitadas. Debes hacer las preguntas correctas."
- Ok... Evidentemente no vamos a ir a ningún lado con el ping pong. Decime al menos qué querés acá, conmigo...
"Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos."
- De verdad necesitas mejorar tus respuestas. ¿Y ahora, qué hacemos?
"Hay cosas que hay que hacer y las haces y no hablas nunca de ellas."
- Sabés, citando a El Padrino das la vibra de mafioso... - antes de que pudiera formular otra pregunta o decir algo, un nuevo papelito
"Volveré, Bennett", decía. No podía no reconocer una línea de Comando así que sólo pude responder con lo que correspondía, - Te estaré esperando, John. - y así como así se alejó a la misma velocidad con que inicialmente había querido entrar. Sí oí el ruido de algunos tachos de basura desparramarse a la distancia y alguna alarma de auto, como si se los hubiese llevado puestos. Vi el montón de papeles que tenía en la mano, los hice un bollo y tan pronto abrí los dedos recobraron su forma original sin exhibir una sola arruga o marca. Bueno, no era papel, después de unas horas se desintegraron sin dejar rastro.
Cuestioné si era sano para mi salud mental seguir con éstas cosas, quizás debería tratar de salir de acá y llevarme mi depresión a un lugar más normal... Al final me venció el sueño, y honestamente también la curiosidad. Volví al escritorio y empecé a tipear ésto. Me dormí cuando iba por la mitad y me desperté cuando escuché a Berto cantar Kilómetro 11 en guaraní a todo pulmón, usando el escobillón como guitarra.
"Aní nde pochi Angha che ndivé Desengaño ité Manté arekó Che aká tavi Angyha oiku´á Nde rejhe kuñá Che upeicha aikó..."
Puedo cerrar la noche con ésto, de verdad necesito dormir.
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2018.09.18 07:25 Zetusleep5390 La leyenda de los estudios en el callejón del aguacate.

La leyenda de los estudios en el callejón del aguacate.
Los últimos señores Mexicas habían llorado ya la pérdida de las tierras que algún día los acogieron y fueron testigo de la gloria de Azcapotzalco, que por aquellos días era el señorío responsable de estos parajes del sur de la Ciudad de México.
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Don Hernán Cortes había invitado a capitanes, soldados y aliados a un enorme banquete con vino de Castilla y cochinos de Cuba. Años después, Bernal lamentaría en sus crónicas de la conquista que los lugares fueron insuficientes y por otras cosas acaecidas aquella noche, hubiese preferido que nunca se llevara a cabo. La más macabra de las cosas acaecidas es el origen de esta historia. La noche fue agridulce, estuvo manchada por la sangre aunque no tuvo lugar batalla alguna. Las crónicas y la historia se han esforzado por borrar los terribles hechos que en aquella noche larga de Coyoacán costaría la vida de dos inocentes. No sólo las quejas por el espacio ahogaron la noche gloriosa de Cortés. Pasadas las 11 de la noche todas las antorchas se extinguieron, como por acto de magia la penumbra abrazó el patio del real de Cortés, el embrujo lo rompió el llanto desesperado de uno de los niños que jugaba en los pasillos, ese llanto centró la atención de todos los presentes que corrieron a avivar las antorchas y velas para restablecer la iluminación de aquel lugar. Los perros que habían acompañado a Cortés, tesoro preciado del conquistador, ladraron con violencia estridente que heló la sangre de todos los asistentes. Dos espadas de madera fueron halladas en el suelo, ante la mirada atónita y desesperada del resto de pequeñines que no atinaban a decir nada más que: “Julian y Rodolfo, ¡la noche se los ha tragado!”.
Entre llantos y confusión una puerta se cerró, como señalando el punto de escape de esa oscuridad que se había tragado a los pequeños.
Dos soldados liberaron a los perros, los canes corrieron velozmente por la puerta que señalaba el punto de escape -en todo momento ladrando con violencia y autoridad, como si sus ladridos fueran a detener al mal que ya todos buscaban-. Una comitiva liderada por Don Rodolfo De Escalante salió acompañando a los canes para apresar al responsable y dar con el paradero de los dos hijos varones del capitán español. Corrieron todos por caminos rurales y parcialmente empedrados, en espera de los caballos, carruajes y coches que algún día transitarían esas calles (algunas de las cuales al día de hoy siguen manteniendo tan rudimentario camino) como lo son los palacios y casonas españolas de estilo colonial que por aquellos días no eran sino cimientos, hoy testigos de la historia de México que nacía con la Nueva España tras la muerte de Tenochtitlán.
Finalmente, uno de los perros tomó camino por lo que hoy en día sería el final de la calle Francisco Sosa, donde la calle se convierte en la Cerrada Francisco Sosa; lugar en el que hoy se levanta un muro de piedra que en una esquina guarda un antiguo altar a la virgen del Rosario, sobre el que se elevan las ramas de un árbol de aguacate. Aquel perro paró y comenzó a ladrar en la penumbra con desesperación. La comitiva apresuró el paso y todos como una marcha coordinada pararon súbitamente ante una escena francamente dantesca. El perro que los había guiado tenia las orejas gachas, no dando crédito el animal a lo que sus ojos veían: eran las piernas y brazos del pequeño Julian De Escalante. El perro se lanzó contra un ente que estaba parado en la penumbra, desapareció para no ser visto más.
La pierna derecha del pequeño, cubierta en sangre, antecedía en fila a la pierna izquierda que a su vez estaba antes del brazo derecho y luego el izquierdo; donde la pequeña mano del inocente terminaba señalando hacia adelante en dirección a aquel ente de espaldas anchas y tamaño descomunal. El ruido que salía de aquella bestia era el de un coyote hambriento devorando a su presa. En sus anchas espaldas el torso y rostro de dolor del pequeño Julian que aún agonizaba, al borde de perder la consciencia el niño lloraba con desesperación y a los pocos segundos de que los soldados llegaron a su encuentro el pequeño perdió la conciencia. Un grito rompió el hechizo: “dadme la cara, ¡hideputa!” gritó un arcabucero de la comitiva, quien al mismo tiempo descargó en contra de la criatura. Aquel ente volteó despacio, entre sus brazos el cuerpo del pequeño Rodolfo De Escalante, de quien quedaba todo menos las vísceras que devoraba aquella criatura infernal. Los ojos de aquel ente eran de un rojo tan ardiente como las brazas que cocinaron los cochinos que ahora vomitaban todos los presentes a tan grotesco espectáculo. Varios de los soldados que componían la comitiva no pudieron contener las lágrimas y la desesperación, quedaron desarmados ante la barbarie que atestiguaban pues no hubo horror en las guerras que muchos ya habían vivido que se equiparara a lo que estaban presenciando. El cuenco que contenía las vísceras del niño le servían de plato ceremonial para beber la sangre del pequeño, a quien tomó entre sus brazos y alzó dejándolo suspendido para drenar todo su líquido vital.
El arcabucero entre llantos cargó nuevamente el arcabuz y arremetió contra la bestia. No pareció dañarla en absoluto. La reacción que aquella afrenta suscitó fue que el cuerpo del pequeño Rodolfo terminó recargado en una de las rodillas de la monstruosa aparición que arrancó de su espalda el torso de Julian y mordió su cuello para drenarlo también, el sonido de aquello era espantoso y toda vez que hubo bebido la última gota de sangre tomó de la cabeza los restos del niño, con violencia sin más lanzó el tronco del infante en dirección a la comitiva que inmóvil e impotente no daba crédito a lo que estaba viviendo, fue tal la fuerza con la que realizó el lanzamiento que la cabeza se desprendió del torso y quedó en la mano de ese monstruo. Así fue que abrió la boca de la cabeza, desprendió la quijada y lanzó a la oscuridad el resto de la pequeña cabeza. Dicha mandíbula sirvió entonces como un cuchillo ceremonial, la bestia tomó el hueso que había obtenido de Julian y rompiendo el esternón del pequeño Rodolfo accedió a su corazón, lo sacó. Lo sostuvo en sus manos y lo elevó como ofrenda a los dioses de esas tierras, ante todos los presentes de un sólo bocado devoró ese órgano. Del cielo cayó un rayo, como dictando sentencia de aquel rito se escuchó el aullido de un coyote proveniente de esa fiera, el suelo se abrió y el ente lanzó una bocanada de sangre hacia el cielo y desapareció al sonido de un extraño vocablo náhuatl que retumbó en los oídos de todos los presentes: NETZONCUILIZTETLATZACUILTILIZTLI (un aliado luego lo tradujo para todos, la venganza se ha consumado). Aquella sangre bañó una pequeña planta recién sembrada en la esquina de la muralla que limitaba los terrenos que pertenecían a Don Rodolfo De Escalante.
Don Rodolfo yacía en el piso, con el gesto de quien ha sido absolutamente derrotado. El peor castigo aún estaba por llegar. Su esposa Aura había sido avisado por alguien de la comitiva de lo ocurrido y a toda velocidad puso marcha por la noche, su hermoso vestido de gala no fue obstáculo para la desconsolada carrera de una madre que no quería dar veracidad a lo contado… hasta que llegó y se encontró con la horrible escena. El llanto desconsolado de la madre fue tal que los testigos se persignaron y llorando se esfumaron dejando en la absoluta soledad a la pareja. La madre tomaba las manos del pequeño Julian, acariciaba el rostro de Rodolfo, su llanto era incesante y su dolor no tenía parangón. Los días con sus noches que siguieron a tal atrocidad fueron para la mujer, agonía e infierno en vida. Los días los pasaba Doña Aura de rodillas en aquella discreta planta, que algún día sería un árbol de aguacate, lamentando sin parar la irremediable perdida de sus dos hijos. Por las noches dos esclavos tenían que salir por ella para cargarla al interior de la casa cuyas ventanas eran el vitral de aquel dolor indescriptible que consumió a Doña Aura. Las únicas palabras que salían de su boca era un doloroso testimonio de su pérdida: “¡mis hijos!”, constante recordatorio que avivó el odio y la locura en el corazón de Don Rodolfo. La falta de comida y el sufrimiento de la pobre madre la consumió a penas seis meses después. A un costado del aún tierno aguacate, Doña Aura pidió ser enterrada para estar con sus pequeños para toda la eternidad. Los restos mortales de los pequeños también fueron trasladados a ese lugar por instrucción de Don Rodolfo. La barda de piedra aún no terminada ganaba altura y la casa de los De Escalante iba tomando forma, cuya ala principal hoy permanece en aquel sitio, sitio desde donde hoy se cuentan las macabras historias que habitan en las oscuras horas de la noches. Las historias para no dormir.
Terrorífica historia es la de Don Rodolfo y los De Escalante en la Nueva España. Rodolfo y Juan De Escalante fueron dos hermanos provenientes de Toledo que se habían unido a la expedición de Cortés con el afán de llevar el negocio de su familia a las Indias. La familia De Escalante poseía una forje de armas que en buena parte fueron responsables de la muerte de miles de habitantes de las tierras que conquistaron los españoles. Los hermanos escalaron rápidamente entre los soldados de Cortés por su fiereza e inclemencia contra los conquistados. Los hermanos escribían cartas de jubilo y esperanza de expansión para la herrería, por supuesto que dejaban fuera los temibles detalles de sus proezas militares en Cuba, las Antillas, La Villa Rica de la Veracruz y Tenochtitlán. Fue Tenochtitlán el inicio de una serie de desgracias para los hermanos, serie que no culminó hasta extinguirse la vida de Don Rodolfo… quizás.
América tenía preparado un reclamo de sangre insaciable para los De Escalante, el primero en pagar ese peaje fue Don Juan, a quien Cortés había encomendado la conquista definitiva del Señorío de Azcapotzalco. Precisamente fue en Coyoacán donde los soldados que comandaba cayeron en manos de fieros guerreros águila que no tuvieron piedad sino de Don Juan, a quien presentaron ante el señor Cuahupopoca quien ordenó su inmediata decapitación y ofrecimiento ceremonial. El cuerpo de Don Juan nunca fue hallado, los totonacos que habían acompañado a los españoles en aquella empresa dieron parte de la crueldad que sufrieron los capturados a Cortés, quien vio en este suceso el pretexto perfecto para ordenar el sitio definitivo de Tenochtitlán y la toma definitiva de los Señoríos aledaños. Don Rodolfo De Escalante pidió a Cortés dirigir personalmente al bergantín que desembarcaría para la carga contra Iztapalapa y Coyoacán. Don Rodolfo sometió con brutal crueldad esas tierras que no tuvieron otra opción que pasar al bando de los conquistadores para culminar la toma definitiva de la gran Tenochtitlán. Aquella fue la primer venganza que Don Rodolfo juró en América, no sería la última.
Desolado tras la muerte de sus dos varones y su señora, Don Rodolfo envió a la pequeña Carmen de vuelta a España para ser cuidada por su hermana Doña Julia De Escalante viuda De Torrecillas. Don Rodolfo permaneció en la Nueva España supervisando la construcción de su fortaleza que habría de servir de casa, encomendó construir montado en la pared un altar a la virgen del Rosario, altar que aún permanece en la esquina que inicia el callejón del aguacate y cuya virgen en algunas noches, muchos cuentan, llora sangre.
Don Rodolfo montó guardia por las noches, desde que terminó la novena en honor a sus pequeños hasta el día de su muerte. En la esquina donde encomendó su altar, Don Rodolfo pasaba las noches rezando, entre los habitantes indigenas de esas tierras surgió la advertencia de no cruzar esa esquina al caer la noche pues aquellos que osaban poner un píe en aquella propiedad no volvían a ser vistos jamás. Durante el restante de la longeva vida de Don Rodolfo desaparecieron 46 niños y 20 jóvenes que se esfumaron por completo de esas tierras, hasta el día de su muerte, cuando sus criados dieron cuenta de los horrores que aquellas pobres almas sufrieron. Las osamentas fueron mortero para fortalecer la pared, dentro de la casa los gritos de auxilio eran ignorados mientras en su estudio de los horrores Don Rodolfo extraía la sangre abdominal para consumirla, mientras que la carne forraba sillas y mobiliario del estudio y los huesos se los daba a sus perros como juguetes o premios. Los sesenta y seis muertos, como toda la población indígena de esas tierras era para Don Rodolfo de Escalante el rostro del enemigo responsable de su dolor y tragedia.
Para 1537 el muro y la casa estaban terminados, un Rodolfo con aspecto de ermitaño prohibía a sus esclavos y criados hablar de lo que acontecía durante los días, sólo permitía que salieran a los jardines a regar con un balde que él les daba el aguacate que empezaba a formarse en árbol en la esquina de la propiedad.
Cuarenta años después de aquella fatídica noche de septiembre, noche en que Don Rodolfo lo perdió todo, un estruendo demoniaco llegó hasta la casa de Don Rodolfo, los criados y esclavos dicen que el diablo mismo le visitó para reclamar su alma. En la madrugada de aquel día Don Rodolfo echó a reír en la esquina de su casa, sentado como un niño contemplando su aguacate estremeciendo a todos los que le escuchaban, con una daga que había traído consigo de Toledo puso fin a su vida. La lectura de su testamento dejó en propiedad toda su Hacienda a su hija Carmen De Escalante de Rodriguez, quien decidió limpiar un poco su conciencia transformado aquella casa en una residencia para enfermos que formó parte de la herencia de los De Escalante en México hasta la década de los ochentas.
La casona de los De Escalante vio pasar por sus cuartos a miles de heridos y enfermos que padecieron en aquel lugar. Siglos de dolor abrazan la casa que hoy es hogar de nuestros estudios. El pasar del tiempo se ha encargado de hacer crecer la leyenda de este sombrío lugar.
Muchos años después de los sucesos que comenzaron todo un descendiente de los De Escalante decidió volver con su familia a la vieja casona de Coyoacán. Gustavo Escalante era padre de familia de Emilio, Benito e Irma, esposo de Beatriz Rodriguez. La familia vivió días felices desde el final de la primer década hasta la oscura noche del 20 de septiembre de 1929.
Don Gustavo fue un abogado de origen Español, un hombre bastante respetado por sus colegas y la sociedad en general, tenía muy buenos contactos y su familia vivía una muy buena posición en México. Sin embargo, existió un lado oscuro de Gustavo, una obscena obsesión por el ocultismo. En ocasiones desaparecía por semanas enteras para visitar brujos negros en Catemaco Veracruz. La inquietud que le robaba el sueño era la maldición que aquejaba a su familia desde que su ancestro, Don Rodolfo De Escalante, sembrara el terror en los corazones de los habitantes indigenas de esas tierras y se enemistara con sus dioses jurándoles la más fiera de las venganzas.
Fue así que un brujo le dio a Gustavo una Ouija para que contactara con su ancestro y esclareciera sus inquietudes en torno a los acontecimientos que dieron origen al sufrimiento de muchas generaciones de De Escalantes que por siglos se rehusaron a habitar en México temiendo un trágico final. Muchos siglos habían transcurrido ya y Gustavo estaba determinado a poner fin de una vez por todas al maleficio.
Aquella oscura noche del 20 de septiembre de 1929, Gustavo llegó a casa y pidió a toda su familia reunirse en el salón principal de su residencia. Sobre la mesa de su precioso comedor no había más que 4 velas negras y una tabla con letras escritas en ella. Gustavo explicó para sorpresa de todos el misterioso propósito de sus constantes viajes a Veracruz. Sus hijos por aquel entonces ya alcanzaban como mínimo la adolescencia siendo Benito el menor de ellos con 16 años. Beatriz no sabía muy bien como interpretar la extraña petición de su esposo, los hijos lo tomaron con cierta intriga y curiosidad. Cuando el padre de familia terminó la historia pidió que se apagaran las luces y se encendieran las velas para formar una suerte de circulo en torno al tablero. Todos tomados de las manos dijeron las palabras que el brujo había preparado para Gustavo. Con voz de mando y cierta esperanza dijo: Estamos aquí reunidos, generaciones de Escalantes que exigimos hablar con el alma de Don Rodolfo de Escalante, Capitán español que conquistó estas tierras y habitó hasta el día de su muerte en esta casa.
Todos los integrantes de la familia estaban tomados de las manos, expectantes a una respuesta por parte del tablero. Un frío como jamás habían experimentado los atravesó a todos, las luces que a la distancia se veían se apagaron súbitamente, un silencio sepulcral reinó en la sala… únicamente lo descompuso el sonido de los pabilos de las velas que se extinguieron una a una, como si alguien o algo estuviera soplando para apagarlas. Irma trató de soltar la mano de su padre, Gustavo le gritó: NO, NO DEBEMOS ROMPER LA CONEXIÓN. La pobre no lograba salir de su espanto pero decidió hacer caso a su padre, quien guiaba la sesión con extraña y natural destreza en el oculto asunto. De pronto el oráculo que era sostenido por Gustavo comenzó a moverse. Deletreo letra a letra su respuesta: S-A-N-G-R-E. Se miraron incrédulos todos pero ninguno quiso romper la conexión. Gustavo volvió a preguntar: Don Rodolfo ¿está usted aquí con nosotros? El oráculo nuevamente se movió deletreando la palabra: M-U-E-R-T-E. Nadie daba crédito de lo que estaba sucediendo en aquella oscura noche. Emilio, un joven de 20 años, decidió que había sido suficiente seguirle la corriente a la excentricidad de su padre y sin más soltó la mano de madre y su hermano Benito, al tiempo que dijo: “¡En verdad espera, padre, que no nos demos cuenta que no está buscando más que la manera de asustarnos! Me voy a dormir, ya tuve suficiente locura por un día”. Caminó hacia la puerta corrediza, pesada puerta de madera que dividía el salón principal del estudio de su padre, se cerró violentamente.
Beatriz la madre cayó desmayada, Emilio no podía creer lo que había visto, no había explicación alguna para que una puerta corrediza tan pesada como esa se cerrara abruptamente sin que nadie la empujara. Así fue que sin pensarlo le pidió a su hermano Benito que le ayudara a abrirla, Benito corrió rápidamente a interesarse por su madre que yacía desfallecida en el piso a un lado de la mesa.
Irma no podía parar de llorar, privada por un profundo e inenarrable horror era testigo de una de la escena más escalofriante de su vida. Ninguna leyenda de horror que conociera se comparaba ya con lo que estaba viviendo, ni siquiera las exploraciones que de niños hacían los hermanos en las noches para visitar el árbol de los susurros, pues Emilio les había contado que por la noche si se ponía mucha atención en el tronco del árbol de aguacate en el que terminaba su jardín se podían escuchar los lamentos de una mujer y unos niños, así como desgarradores gritos de horror. Ninguno de los asistentes estaba preparado para lo que tendrán lugar aquella oscura noche.
Cuando Emilio se percató de que su madre estaba tirada a un lado de la mesa corrió a ayudar a Benito, ambos le pidieron ayuda a su padre… nadie les contestó. Alzaron la cara para ver si su padre se encontraba bien, o si también había sido derribado, víctima del miedo ante una situación que comenzaba a pintar para peor. Para asombro de los hermanos, el lugar en donde ellos esperaban encontrar a su padre estaba vacío, sólo asomaba por los ventanales del comedor que daban al jardín la sombra del árbol de aguacate al final de su jardín. Gustavo había desaparecido. Sin dar mayor importancia a la desaparición del jefe de familia, los hermanos esquivaron a una horrorizada Irma que no podía salir de la conmoción. Todo mientras el tablero seguía activo y funcionando como un portal. Llevaron a la madre hasta un pequeño sillón que se encontraba en la sala principal de la casa y decidieron abrir uno de los grandes ventanales de la casa, pensando que quizá un poco de aire fresco reanimaría a la señora.
Cuando Emilio y Benito abrieron el ventanal se percataron de la figura de un hombre que estaba sentado, como contemplando el aguacate, ambos pensaron de inmediato en que su padre habría salido a tomar un respiro al jardín, sobrecogido por la emoción del momento… estaba parcialmente en lo correcto. Cuando decidieron llamarlo el hombre volteó, no vieron más que un ente completamente oscuro del que no se podían distinguir más que un par de brazas ardientes en donde deberían estar sus ojos. Sin dar crédito a lo ocurrido, continuaron su intento por reanimar a su madre. Emilio entonces le dijo a Benito que iría al botiquín por alcohol. Emilio echó a correr y atravesó sin mayor problema el umbral que antes estaba bloqueado por las pesadas puertas corredizas que separaban la sala del estudio y el resto de la casa. Benito, decidió atender al mismo tiempo a su hermana Irma; sin embargo, Irma también había desaparecido. Sorprendido por el hecho, pero sin ánimo de dejar a su madre sola, Benito empezó a llamar por su nombre a su hermana, fue entonces que escuchó carcajadas infantiles, nuevamente en el jardín. Benito estaba convencido de que su imaginación le estaba jugando una mala pasada, se llevó ambas manos al rostro para frotarse los ojos, al abrirlos nuevamente vio claramente a su padre sosteniendo a Beatriz con una mano y empuñando una daga en la otra. ¡PADRE, ¿QUÉ ESTÁ HACiENDO? Grito, e inmediatamente, Gustavo cortó de un sólo tajo la garganta de su hermana para dejarla tumbada al lado del árbol regando éste con la sangre que emanaba a borbotones del cuello de la joven. Benito no podía creer lo que estaba pasando, fue entonces que Gustavo lo miró fijamente y echó a reír.
¡Benito, muévete carajo, que mi mamá no se despierta! –gritó Emilio– súbitamente Benito salió de su asombro sin poder articular palabra alguna. Fue entonces que desde la segunda planta de la casa escucharon al padre llamándoles, este les decía que llevaran a su madre al patio para que el césped húmedo y el aire fresco la reavivara. Cuando Emilio se dispuso a seguir la instrucción de su padre Benito lo detuvo. ¡Mi papá está como loco, acaba de matar a Beatriz… cabrón, vámonos de aquí, hay que sacar a mi mamá! le dijo Benito a Emilio. Ignorando lo que su hermano le imploraba lo apartó y cargó a su madre, como quien carga un costal de papas salió por la ventana que apenas tenía una caída de 30 cm respecto al jardín y la acostó justo en el medio. Al intentar reintegrarse Gustavo apareció detrás de él, tomó al joven de la cabellera, le alzó la cara y de un sólo tajo lo degolló; con una fuerza sobre natural lo lanzó al tronco del árbol, cubriendo éste con la sangre que emanaba con potencia del cuello del joven. Benito subió a toda velocidad a su cuarto, el muchacho no podía dejar de pensar que todo era un mal sueño y tendría que despertar eventualmente. Su idea fue correr a su habitación, quizá contemplándose a sí mismo durmiendo: despertaría.
En el jardín, el cuerpo de Beatriz seguía tirado, sin conciencia alguna de lo que estaba sucediendo, fue así que Gustavo la recogió, tomándola entre sus brazos la cargó hasta la base del árbol, empuñando su daga se la enterró de forma violenta en el corazón. Inmediatamente dejó caer el cuerpo de su mujer, todavía con la daga clavada en el pecho, ya en el piso con la maestría de un cirujano (o quizá la de un carnicero) rompió la barrera torácica de la mujer, extrajo su corazón y lo contempló… mientras el cuerpo sin vida regaba con más sangre las raíces de el árbol de aguacate.
Benito presenció aquel horror desde su ventana. Buscando la salida de su pesadilla únicamente se hundió aún más en la misma. Benito sabía que la situación que vivía era límite, debía de enfrentarla para sobrevivir así fue que puso marcha a toda velocidad al jardín. Era Benito quien tenía que enfrentar a un Gustavo que aquella noche parecía más un demonio que su padre, fue así que antes de salir al jardín tomó la ouija de la mesa. Lo que había empezado todo tendría que terminarlo. A toda velocidad se lanzó en dirección a su padre para golpearlo con la tabla y así desarmarlo; sin embargo, en un reflejo ante el ataque inminente el padre clavó la daga en la tabla. La fuerza del golpe de aquella daga contra la tabla fue más la de una explosión que la de un simple pedazo de acero afilado rompiendo una tabla de madera. Un chillido horrendo se escuchó en lugar del sonido de la madera rompiéndose. Benito y Gustavo quedaron tirados en el jardín. El esfuerzo final y absoluto sería recomponerse para asestar el golpe final al oponente, cuando Benito intentó hacer lo propio, Gustavo estaba encima de él. Lo miro fijamente y le dijo: ¡Hijo, tienes que ser tú quien termine con esto, no traigas más dependencia maldita a este mundo!.
Benito intentaba quitarse a Gustavo de encima, la daga empuñada en su mano ahora tenía como base el tablero ouija… Gustavo retiró su brazo para tomar impulso y cuando todo parecía perdido para el muchacho… el padre de un sólo golpe y sin meditación se clavó el cuchillo en la sien.
El cuerpo sin vida de Gustavo escurría sangre en la cara de Benito, el joven con apenas 16 años no podía terminar de entender como toda su vida se había venido abajo en a penas minutos de una oscura y desafortunada noche de septiembre. Benito perdió la conciencia.
Debido a la posición social de la familia De Escalante y a algunos colegas del licenciado Gustavo De Escalante y Casas, los periódicos no publicaron más que una esquela recordando a “Gustavo de Escalante y Casas, padre de familia de Emilio e Irma De Escalante Rodríguez, esposo de Doña Beatriz Rodríguez Martínez, a quienes sobrevive el joven Benito De Escalante Rodríguez. Perdieron la vida durante un intento de robo a su propiedad. Qué en Paz Descansen…” el periódico daba información sobre los horarios de la novena que se ofrecería por el descanso eterno de la familia. La versión oficial de la historia fue esa. Benito único testigo y superviviente sabía que la realidad había sido otra, pero nunca hasta el día de su muerte quiso contar lo ocurrido. El relato de aquella oscura noche lo guardó en una caja junto a otra memoria oscura. La caja sólo decía: “no abran nunca esta caja de la media noche”. Clavado en ese baúl de madera estaba el arma homicida, una preciosa daga antigua con una empuñadura de fina manufactura que tenía el escudo de armas de la familia De Escalante.
El 6 de septiembre de 1986 el cuerpo del capitán del Heroico cuerpo de fucileros Benito De Escalante Rodriguez fue encontrado por su asistente doméstica en su casa en el barrio de Santa Catarina en la delegación Coyoacán, murió de causas naturales según lo indicado su certificado de defunción.
Su casa en el número 34 de la calle Francisco Sosa estuvo abandona muchos años. Las únicas visitas que recibía la propiedad eran el sin fin de curiosos y amantes de lo paranormal que se daban cita en las madrugadas para comprobar si el llanto de sangre de la virgen del Rosario, que se encontraba en un altar cubierto por las ramas y hojas de un antiguo árbol de aguacate, eran reales. O bien, si los lloros y quejas de dolor de una madre y sus hijos eran audibles entrada la media noche. O si el hombre de la capa se aparecía por aquella esquina a las 3 con 33 de la madrugada. Finalmente la delegación Coyoacán tomó posesión del inmueble y fue rentado como espacio para oficinas. En la oficina, que hoy es un estudio se encontró el baúl con la daga, donde escrita estaba la historia antes contada y una carta cerrada que decía “el niño”.
El niño 
Todas las tardes al volver del cuartel tenía la única certeza de que me encontraría al mocoso regordete jugando con sus amigos fuera de mi casa. Por años toleré que ese infeliz chamaco me imitara y me siguiera como marchando a mi lado, pidiendo tocar mi uniforme e ignorando mi atenta petición de que me dejara en paz. Pero yo nunca creí ser un asesino, odiaba a ese niño sí, pero nunca lo suficiente como para matarlo. Escribo esta confesión que espero no sea leída nunca, porque no puedo más con la culpa, pero sobre todo con la imagen maldita del escuincle regordete que me sigue a todos lados a donde voy.
El día 15 de septiembre de 1949, lo recuerdo pues volvía de la ajetreada jornada del desfile militar, toqué la puerta del número 15 de la privada Mondragón. Hasta ese lugar había seguido al condenado chamaco. Me atendió un señor, no tendría más de 40 años, con algo de sorpresa el muy maricón pensó que tenía algún problema que el ejercito iba a resolver. Le aclaré que mi visita tenía como objetivo resolver un asunto urgente. Quería saber si el niño malcriado y regordete era su vástago. Toda vez que el imbécil me confirmó que la dolencia ésa era su niño, le pedí que le ordenara que dejara de estarme fastidiando, le advertí que no quería volver a ver a su hijo y a su panda de amigos jugando cerca de mi propiedad nunca más. Tengo derecho a estar solo, a no escuchar el infernal chillido de esos mal nacidos cuando quiero retirarme a descansar. Como no podía ser de otra manera, me juró por su madre que la molestia no se repetiría, me ofreció pasar a su casa, tomar un café… nomás no me ofreció a su esposa porque no tuvo oportunidad. Le dije que lo único que quería de él era que su niño no me estuviera jodiendo y no se apareciera más por mi casa y mi calle. Se le pusieron sus ojos rojos y me extendió la mano, como si yo quisiera estrechar la mano sudada de un blandengue como ése, di la media vuelta y le dije: estás advertido, cabrón.
Antes de matarse mi padre me dio el mejor consejo de la vida: no traigas dependencia maldita a este mundo.
Ciertamente no tolero la compañía de mujeres que no sea por más de unas horas, desnudas y en la cama, como para qué carajos querría yo además a un niño.
El día 20 de septiembre de 1949, pasaban las 1800 horas cuando regresé de una caminata por el barrio. Ahí estaba ese engendro del demonio, jugando a las canicas en solitario. Le grité: “le advertí a tu padre que no quería volverte a ver aquí, mocoso”. Lleno de ira me abalancé hacía él. La cara de espanto que tenía la pequeña bestia ése era castigo suficiente. Pero aún hoy a tres años de lo que pasó no puedo entender lo que se apoderó de mí, ese día.
Todo lo que hice, si es que yo lo hice fue en calidad de espectador, cuando tomé al niño era para llevarlo de las orejas con el bueno para nada de su padre, con el afán de que le dieran una merecida chancliza, juro que esa era mi intención.
Primero le tomé de la oreja y cuando lo quise arrastrar el mocoso empezó a llorar. Ese tipo de mariconerías francamente me encabronan pero no como para tomarlo del cuello. Mis manos, las dos apretaron su cuello y cargaron al niño en la esquina de mi casa, parecía que se lo estaba entregando a la virgen, el olor de los orines de ese mocoso era penetrante, pero parecía que no me importaba que sus meados fueran a manchar mi uniforme, porque con los dos brazos lo cargué más hasta que escuché finalmente como el pescuezo le tronó. Juro que cuando volví en mí el niño estaba tirada burlándose de mí. Abrí el portón de mi casa y cuando iba a entrar a mi sala para tomarme un tequila escuché un golpe muy fuerte, era un coche que se había estampado contra el muro exterior de mi casa, abajo del coche estaba el cuerpo del mocoso ése… La cruz y la policía dijeron que el conductor tratando de esquivarlo se lo llevó y lo mató, pero yo sé que eso no fue así, como también sé que el empedrado de la calle no deja que los coches tomen mucha velocidad, no sé cómo es que el conductor de ese Cadillac también se murió.
Creo que estoy perdiendo la razón, pero también creo que la maldición de la que tanto hablaba mi padre es real. Juro por la memoria de mi madre que los acontecimientos de ese día me tuvieron como mero espectador, pero aún así no puedo quitarme de la cabeza la imagen de ese niño entre mis manos, sus ojos que se apagaron cuando le tronó el cuello. Todo lo demás que pasó ese día ya no sé si es verdad, o sólo un sueño. ¿Yo maté a ese niño? ¿Qué se apoderó de mí, llenando mi ser de tanta rabia? Ya no sé si es verdad, pero necesito limpiar mi conciencia.
Ese niño viene a joderme la existencia, todas las madrugadas a las 3 me levanto, lo quiera o no. También, lo quiera o no lo veo y lo escucho jugando con sus canicas en la esquina donde murió.

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2018.08.23 20:15 master_x_2k Zumbido IV

Zumbido IV

Brian llegó cuando Perra y yo estábamos caminando penosamente por el campo con palas y bolsas de basura en la mano. No es la imagen que quería que él tuviera de mí, pero me alegré de verlo de todos modos.
Me limpie usando el grifo en el abrevadero de agua de los perros, pero todavía estaba cubierta de huellas sucias de las patas, manchas de hierba y la piel todavía me picaba con la sensación de que los bichos se arrastraban sobre mí. No tenía ninguna duda de que, con mi pelo mojado y el estado de mi ropa, me veía bastante espantosa.
“Hay agujeros de bala en la puerta de entrada”, Brian habló desde el otro lado de la alambrada, levantando la voz para ser escuchado sobre el torrente de ladridos. Llevaba su traje y su casco, pero tenía la visera levantada y no estaba envuelto en su oscuridad. Desde la distancia, se vería como un tipo con equipo de motocicleta.
“Tranquilos”, ordenó Perra, y los perros se callaron. Al ver lo que los otros perros estaban haciendo, los pocos que no habían aprendido el comando se detuvieron después de uno o dos ladridos más.
“Sí, dispararon sus armas unas cuantas veces”, le dije.
“Y todavía están aquí”, dijo, con leve incredulidad.
“Mi decisión”, le dijo Perra.
“Es una mala decisión”, la amonestó.
“No voy a irme.”
Brian se cruzó de brazos. “¿Es tu orgullo o testarudez digno de lastimar a esos perros?”
Ella frunció el ceño y miró a los perros.
“Lo que dijeron sobre las salchichas,” dije en voz baja, “sobre envenenar a tus perros. No podrías detenerlos a menos que estuvieras aquí todo el día, todos los días, y tal vez ni siquiera entonces.”
“Es cobarde”, Perra escupió las palabras.
“Son cobardes”, le dije. “Básicamente la definición de cualquiera que se une a un grupo de odio. Pero incluso si atacaran de forma más directa, ¿podrías manejarlo? ¿Podrías si veinte personas aparecieran con armas de fuego? ¿O si Night y Fog pasaban a las tres de la mañana, cuando estás solo tú y estos muchachos?”
“Yo puedo arreglármelas sola.”
Suspiré un poco y planté mi pala en el suelo. Tenía que pensar en una forma de convencerla. Si perdía la paciencia frente a su terquedad, ella ganaría la discusión, y todos perderíamos.
“Lo sé. ¿Pero no es mejor confiar en nosotros? ¿Para de verdad manejar esto en lugar de hacerlo sola, escondiéndote y dejando que esos cabrones tengan el poder?”
“No me estoy escondiendo”, me miró enojada. “Estoy protegiendo-”
Brian la interrumpió, “Proteger a tus perros significaría llevarlos a un lugar seguro.”
Ella sacudió su cabeza violentamente. “No. Si hago eso, los malnacidos ganan.”
“Entiendo lo que dices”, le dije. “De verdad, sé a qué te refieres. Pero nuestra prioridad número uno es protegerlos a ti y a esos perros. Una vez que nos hayamos encargado de eso, podemos enfocarnos en enfrentar cualquier amenaza.”
Ella golpeteo con sus dedos contra su muslo, mirando hacia el edificio.
“¿Vamos a encargarnos de ellos?”, Ella hizo la pregunta un desafío.
“Sí”, habló Brian. “No me gusta que estos tipos se estén mudando a esta área. No me gusta que lleguen tan lejos como para atacar a un miembro de nuestro grupo. Si no hacemos algo para responder pronto, va a lastimar nuestra reputación. Necesitamos reputación, nos protege, da a la gente razones para pensar dos veces antes de jodernos.”
Perra asintió. “Bueno.”
Brian arqueó una ceja, “¿Bueno qué?”
“Iré, y vendrán los perros.”
Él sonrió, “Bien. No creo poder saltar esta cerca sin hacer enojar a esos perros, así que me reuniré contigo en la puerta de entrada. Voy a llamar a Coil en el camino.”
“Está bien”, dije. Cuando dio vuelta para irse, yo levanté la mano en el saludo de despedida más pequeño y patético del mundo. A pesar de que estaba bastante segura de que no lo había visto, me quedé sintiéndome como una idiota por hacerlo.
Eché un vistazo a Perra, que me estaba mirando con curiosidad.
“¿Qué?”, ​​Le pregunté, sintiéndome dolorosamente consciente de mí misma.
“Él te gusta.”
“N-”, comencé. Antes continuar con mi protesta, tuve que detenerme. Perra apreciaría la franqueza y la honestidad más que cualquier otra cosa. No estaba segura de poder darme el lujo de parecer deshonesta o de tener dos caras con ella. “…Sí. Me gusta.”
Ella giró para volver a entrar. Un horrible pensamiento me golpeó en ese momento.
“¿Te...te gusta a vos?", Le pregunté.
Ella giró su cabeza para darme una mirada enojada, una que no podía leer en lo más mínimo.
“Porque si lo haces”, me apresuré a agregar, cuando comencé a caminar detrás de ella, “Oye, tú estuviste aquí primero. Me alejaré y mantendré la boca cerrada si quieres intentarlo.”
Hubo unos cinco segundos en los que estuvo muy callada. Mi pulso latía en mi garganta. ¿Por qué me importa tanto esto?
“Deberías ofrecerle dormir con él.”
“¿Y-eh, qué?” Tartamudeé. El alivio se mezcló con la vergüenza, y el abrupto cambio de tema me dejó luchando por ordenar mis pensamientos.
“Es lo que quieren los chicos. Dile que estás disponible si alguna vez quiere coger. Él lo aceptará de inmediato, o comenzará a pensar en ti como una posibilidad y aceptará tu oferta más tarde.
“Eso es- Es más complicado que eso.”
“Es complicado porque las personas hacen que sea complicado. Solo corta con las estupideces y ve por él.”
“No creo que te equivoques sobre la necesidad de tener menos expectativas, reglas y rituales en torno a las citas, estupideces, como dices, pero no creo que pueda hacer lo que sugieres.”
“Lo que sea.”
Me di cuenta, tardíamente, que ella realmente me había ofrecido un consejo. Por... luché por encontrar la palabra. Por muy mal dirigida que hubiera sido su sugerencia, especialmente con Brian, fue probablemente el gesto más evidente de buena voluntad que le había visto, junto a ella diciéndole a Armsmaster que creía que yo podía patearle el culo.
“Gracias, igualmente”, le dije. “Lo, eh, lo tendré en cuenta.”
“No me importa si lo haces.”
Cruzamos el interior del edificio y Perra abrió la puerta para dejar entrar a Brian. Por un segundo, pensé que su franqueza la llevaría a decirle a Brian abiertamente que me gustaba, pero no era el caso. Estaba más centrada en evitar que los perros más rebeldes se escabullen y evitar que ladren al visitante nuevo que en nuestra conversación.
“No puedo contactar a Coil”, nos informó Brian.
“No pude alcanzar a Lisa o Alec antes”, respondí. “¿Crees que algo está pasando?”
Él asintió con la cabeza, “Tal vez. Quédate aquí con Rachel. Voy a chequear a los demás.”
“No”, dijo Perra. “No necesito niñera, y me estoy molestando con ustedes dos estorbándome. Taylor se va contigo. Me quedaré aquí y empacaré.”
“No es una buena idea”, dijo Brian, sacudiendo la cabeza, “Si te atacan mientras tanto-”
“-Tengo a Brutus, Judas y Angelica. Me las arreglé sola durante años, me encargué de personas más duras que esos hijos de puta. Si hay problemas, corro.”
“¿Y si toman a uno de tus perros como rehén?”, Le pregunté. “¿Uno en los que aún no puedes usar tu poder?”
Una mirada oscura pasó por su rostro mientras consideraba eso. “Entonces corro... y me vengo otro día, en mis términos.”
Brian golpeó su pie durante unos segundos. “Bueno. Si hay problemas, será bueno tener a Taylor cuidándome la espalda. Si puedo comunicarme con Coil, cuando lo haga, voy a tratar de conseguirte algunos camiones y personas que los conduzcan. Mientras tanto, mantente alerta y que no te maten.”
Perra frunció el ceño, pero ella asintió.
“Taylor, deberíamos irnos. Mientras antes veamos a Lisa y Alec, mejor me sentiré”, él ya se estaba moviendo cuando terminó de hablar.
En el momento en que estábamos fuera del alcance del oído, se quitó el casco, metiéndolo debajo de un brazo, y me preguntó: “¿Qué pasó?”
Le dije, explicando todo después del punto en que Perra y yo escuchamos el alboroto que estaban causando el hombre botella y su pandilla.
“Es curioso que sea Kaiser quien tenga problemas para controlar a su gente”, reflexionó Brian, cuando terminé.
Me preguntaba si todavía estaba adolorido por lo que Kaiser había dicho en la reunión.
“Coil aumentó la presión en el momento en que se rompió la tregua contra los ABB. Me sorprendería si Kaiser no tuviera las manos llenas con eso”, respondí.
“¿Lo estás defendiendo?”
No era frecuente que me sintiera muy consciente de la diferencia en los colores de nuestra piel, pero que me preguntaran si estaba inventando excusas para el supervillano de la supremacía blanca era uno de esos momentos.
“No quiero subestimarlo, es todo”, le dije.
Brian suspiró, “Sí. Quizás tengas razón. Pero Kaiser estaba dispuesto a exigir una indemnización por el ataque a su círculo de pelea de perros, y estoy más que dispuesto a hacer lo mismo por este ataque de sus skinheads, si llega a eso.”
“Ambos eventos tienen algo sustancial que ver con Perra”, noté.
“Soy consciente de ese hecho”, me dijo, frunciendo el ceño. “Ella es útil, ella es un recurso valioso para el equipo, pero viene con algunos problemas. Ya lo solucionamos en el pasado, lo solucionaremos en el futuro.”
“Claro.”
“¿Como estaba ella? ¿Alguna pelea?”
“Nada serio. No, en verdad estuvo bastante bien. Incluso podría hacerlo de nuevo, si ella me deja.”
“De verdad”, respondió, con escepticismo claro en su tono.
“De Verdad.”
“¿Qué cambió?”
“Estoy descifrándola, creo. Como opera, come piensa.”
“Llevo diez meses en el mismo equipo con ella, y ni siquiera he estado cerca de entender cómo piensa. Normalmente puedo evitar que vaya demasiado lejos o lastime a alguien, mantenerla en línea y hacer que siga las instrucciones, pero todavía no he tenido una conversación con ella que no haga que quiera golpearme la cabeza contra la pared.”
“Ese podría ser el problema. Estás a cargo, te admira, te respeta, pero...” Hice una pausa. ¿Cómo podría decir esto sin entrar en los detalles de su modo de pensar? “...Pero tu eres una especie de figura de autoridad en nuestro grupo, y su personalidad exige que desafié la autoridad. Especialmente cuando está insegura.”
Brian consideró eso. Con una nota de aprobación en su voz, él comentó: “Le estás poniendo bastante empeño.”
“Creo que te sería mucho más fácil manejarla si tomas un papel de liderazgo oficial en nuestro grupo. No solo ser el líder por defecto, sino tomar el puesto. Si no te sientes cómodo con eso, o si piensas que los demás te lo harán demasiado difícil, bueno, probablemente se sentirá más cómoda si confía en ti como alguien a cargo con el tiempo, mientras demuestras que puedes manejarlo.”
“Han pasado diez meses, ¿cuánto tiempo necesita?”
“¿Y ella ha tenido cuántos años, sin padres, maestros, jefes? Quiero decir, incluso cuando tenía padres adoptivos, no creo que fuera todo rayos de sol y arco iris, ¿sabes?”
Se frotó la barbilla. “…Sí.”
“Dime que no ha mejorado al menos un poco en el transcurso de esos diez meses.”
“Ligeramente.”
“Ahí lo tienes. Solo mejorará de aquí en adelante.”
Él me ofreció un gruñido derrotado en respuesta.
Brian caminaba a grandes zancadas, y tenía piernas largas, lo que me obligó a hacer pequeños trotes para mantener el ritmo. No era agotador, estaba en forma lo suficiente para correr, pero era vergonzoso sentirme como un niño pequeño tratando de mantener el ritmo de un adulto.
De cualquier manera, hicimos buen tiempo para volver al departamento.
Brian se llevó el dedo a los labios mientras se ponía el casco y bajaba la visera, emanando su oscuridad para ocultar el disfraz. Hice una mueca y traje bichos para cubrir mi rostro, llamando más desde el área para formar el comienzo de un enjambre. Brian - Grue ahora - extendió la mano y cubrió la puerta principal del departamento en la oscuridad, luego la abrió sin el más mínimo crujido o chillido. Antes de que subiéramos las escaleras de metal que conducían al segundo piso, él las cubrió con una capa de su poder para hacer que nuestros pasos fueran completamente silenciosos.
No anticipé la escena en la sala de estar del departamento.
La TV estaba encendida, mostrando anuncios. Alec yacía en el sofá, con los pies sobre la mesa de café, una comida en su regazo. Lisa estaba sentada en el otro sofá, la computadora portátil apoyada en sus piernas, un teléfono en su oreja. Giró la cabeza mientras subíamos las escaleras, nos dirigió una mirada extraña y luego volvió su atención a su computadora portátil.
“¿Por qué carajos no están contestando sus teléfonos?” Grue levantó su voz espeluznante. Levantó su visor y desterró la oscuridad a su alrededor.
Lisa frunció el ceño y levantó un dedo. Ella continuó hablando por teléfono, “-no estoy de acuerdo con esto, y si me lo hubieras preguntado, habría dicho que no deberías hacerlo. No, sí, creo que es una medida efectiva.”
Señaló la computadora portátil, y di un paso adelante, moviendo los bichos de mi cara y hacia el centro de mi espalda, donde estarían presentes, pero no en el camino, descansando sobre la tela en lugar de sobre la piel. Miré a la pantalla.
“Mi problema es que no son solo ellos. Son sus familias”, dijo Lisa por teléfono. “Regla implícita[1], no se jode con la familia de una capa.”
Leí el contenido del correo electrónico que ella tenía abierto. Sentí una bola de terror asentarse en la boca del estómago. Me incliné sobre el respaldo del sofá y le puse una mano en el hombro para estabilizarme mientras bajaba la mano para presionar la tecla de avanzar página en la computadora portátil. Leí más del correo electrónico y luego presioné el botón otra vez para desplazarme hacia abajo otra vez.
Cuando leí lo suficiente de la página para verificar mis sospechas, presioné la tecla de inicio para regresar a la parte superior de la página. Comprobé quién más había recibido el correo electrónico y la hora en que lo enviaron.
“Carajo”, murmuré. “¡Mierda!”
Lisa me miró, frunció el ceño y luego habló con la persona que estaba al otro lado del teléfono. “¿Podemos terminar de discutir esto más tarde? Tengo que hablar con mi equipo sobre esto. Kay. Luego.”
El correo electrónico era una lista. En la parte superior de la lista estaba Kaiser. Después de su entrada estaban sus lugartenientes, Purity, Hookwolf y Krieg, y el resto de los miembros del Imperio Ochenta y Ocho. Ni siquiera estaba limitado a personas con poderes, señalando a algunos capitanes sin poderes e incluso a algunos de los lacayos de bajo nivel.
La lista incluye imágenes y texto. Debajo de cada uno de los nombres de los villanos había un bloque completo de datos, señalando sus nombres civiles completos, profesiones, direcciones, números de teléfono, las fechas en que se mudaron a la ciudad y las primeras apariciones de sus identidades de traje en Brockton Bay. Había imágenes de ellos en traje emparejado con imágenes de sus supuestas identidades civiles, más o menos igualadas en ángulo y tamaño para facilitar la comparación. La mayoría de las entradas tenían archivos zip adjuntos, sin duda con más datos y evidencia.
Kaiser. Max Anders, presidente y director ejecutivo de Medhall Corporation, una compañía farmacéutica con sede en Brockton Bay. Padre de un Theodore Richard Anders y una Aster Klara Anders. Dos veces divorciado, actualmente vive en un piso en el centro de la ciudad. Conduce un BMW negro. Originario de Brockton Bay, hijo de Richard Anders. Richard Anders, según el correo electrónico, era Allfather, el fundador de Imperio Ochenta y Ocho. Según las imágenes, era evidente cómo la armadura se ajustaba a su rostro y cuerpo, y que tanto Kaiser como Max Anders tenían la misma altura y el mismo tipo de cuerpo.
También había otras imágenes, que mostraban a Max Anders con una hermosa rubia de veintitantos años, y Max Anders con una mujer de pelo castaño mayor en una cafetería, con la mesa llena de lo que parecía ser papeleo. Me desplacé hacia abajo para confirmar mis sospechas, la rubia apareció en otra foto con su hermana gemela. Fenja y Menja.
La mujer de pelo castaño era Purity, según el correo electrónico. Mucho más recatada de lo que podría haber pensado, dada la gran presencia que tenía de traje. Nombre real, Kayden Anders. Decoradora de interiores. Madre soltera de una tal Aster Anders. Purity fue promovida al segundo al mando de Kaiser en la misma semana en que Kayden Russel tomó la mano de Max en matrimonio para convertirse en Kayden Anders. Su separación se produjo en el mismo período de tiempo que Purity dejó el Imperio Ochenta y Ocho para, aparentemente, hacer las cosas por su cuenta. Pequeñas citas apuntaban a archivos aparentemente en el archivo zip adjunto.
Se alegaba que Krieg era James Fliescher. Jefe de una cadena de farmacias, a su vez conectado a Medhall. Padre de tres, casado. Según las notas en su bloque de información, se tomó unas vacaciones dos veces al año con su familia. El correo electrónico indicaba que el archivo comprimido tenía copias de correos electrónicos entre compañías donde les había dicho a sus compañeros de trabajo que había ido a lugares como América del Sur o París, y los registros de vuelo mostraban que estaba mintiendo. Él siempre fue a Londres. Dos veces al año, cada año, durante casi veinte años. Ni una sola vez, durante estos viajes, se había visto a Krieg en Brockton Bay.
La lista continuaba, y continuaba.
Cada pieza de información conectada a otras. Incluso la información sobre los soldados rasos como los que conocí anteriormente con el negocio de Kaiser, muestra cómo fueron empleados como empleados de bajo nivel de Medhall y sus negocios derivados. Parecía que todos tenían antecedentes penales, excepto las personas arriba de todo.
En resumen, era lo suficientemente amplio como para tomar un tipo especial de ignorancia voluntaria para no comprar lo que el correo electrónico estaba vendiendo.
El correo electrónico había sido enviado no solo a Lisa, sino al Brockton Bay Bulletin, a media docena de otras estaciones de noticias locales y a varias nacionales. Todos los que importaban y algunos que no.
El correo electrónico había sido enviado a la 1:27 pm esta tarde. Hace menos de una hora. Esas eran las verdaderas malas noticias.
“¿Coil hizo esto?” Murmuré.
Lisa asintió, con fuerza, “Síp.”
“Con tu ayuda, supongo.”
“Solo un poco. Me preguntó algunas veces, que le ofreciera mis pensamientos sobre algunas cosas, ponerlo en el camino correcto, eliminar posibilidades. No pensé que llegaría tan lejos, o que iría tan lejos. Una vez que lo puse en el camino correcto, aparentemente usó investigadores privados y hackers para desenterrar el resto de esto y obtener la evidencia fotográfica.”
“Carajo”, murmuré.
“No estoy de acuerdo con esto”, dijo. “Está cruzando una línea. No se trata solo de meterse con el enemigo, va a haber un montón de daños colaterales.”
“¿Por qué no contestaste tu teléfono?” Brian cambió de tema.
Ella parpadeó un par de veces, sorprendida, "Mi teléfono estaba casi sin carga, así que agarré uno desechable nuevo para hablar con el jefe. No quería usar el teléfono con el resto de la información de contacto de ustedes, solo para estar seguros. Alec estuvo conmigo todo el tiempo. Debería haber recibido llamadas.”
“Revisa tu teléfono, Alec”, dijo Brian, brusco.
Alec lo hizo. Sus ojos se abrieron, “Oh mierda.”
“Parte de ser miembro de este equipo es estar de guardia si te necesitamos. Lo juro,” Brian gruñó a Alec, “voy a patearte el culo tan fuerte-”
Lisa miró de Brian a Alec hacia mí, “Algo sucedió. ¿Hay alguien herido?”
“Sí, algo pasó, no, nadie está herido. Eso realmente no es lo que me preocupa”, le dije. Señalé la pantalla, “¿Coil planeó esto? ¿Es esto un plan suyo? ¿Usando su poder? ¿Usar su manipulación del destino o lo que sea para crear una coincidencia general, ponernos en una mala posición y obligarnos a unirnos a él?”
Lisa negó con la cabeza con fuerza, “No percibí nada parecido a eso, y no es así como funciona su poder. Además, esperaba que estuviéramos de acuerdo de todos modos. Él no pondría en peligro eso con un truco como este. Es demasiado crudo.”
“Así que fue solo él atacando al Imperio Ochenta y Ocho en un nuevo frente, y una maldita mala coincidencia para nosotros”, dije, tanto a mí misma como a cualquier otra persona.
“¿Qué está pasando?”, Preguntó Alec.
Inhalé profundamente e intenté explicar qué tan mala era la situación. “Coil acaba de hacer una gran jugada contra el Imperio, y parece que fue anónimo. Perra y yo peleamos con algunos de sus subordinados casi al mismo tiempo.”
“Yo no-” comenzó Alec.
“Míralo de esta manera”, interrumpí, “Kaiser y cada uno de sus veintiún lacayos superpoderosos van a estar lo suficientemente enojados como para querer matar a alguien, después de que Coil fue y puso sus vidas de cabeza. Kaiser y su gente saben quiénes somos, de nuestra cooperación contra los ABB. Específicamente, ellos saben quién es Lisa. Entonces, ¿a quién van a culpar por esto, si no al grupo con el que su gente estaba luchando esta misma tarde, el grupo con la muy talentosa recopiladora de información en sus filas?”
“Oh.” Alec dijo. “Mierda.”
“Exactamente.”
[1] Código Implícito: Las Unspoken rules o más “oficialmente” conocidas como Unwritten rules son reglas que tiene la comunidad de capas sobre como se comportan, no es un acuerdo formal, por eso las palabras unspoken=implícitas, sin mencionar, y unwritten=orales, sin escribir, tácitas. Aunque no son leyes formales el código tácito es respetado tanto por héroes como villanos.

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2018.05.21 16:34 jefparis1973 El porqué de mi humilde respaldo a Irene y Pablo.

Le he estando dando vueltas al asunto del chalet, de la hipoteca y del acoso que están sufriendo Pablo Iglesias e Irene Montero. Al inicio de esta polémica consideré una maniobra torpe por parte de los interesados la compra y del mencionado chalet, pese a que ello suene surrealista. ¿Por qué debería importarme la vida privada y honrada de unos políticos que luchan por los derechos de los menos favorecidos? ¿Por qué no pueden estas personas aspirar a una buena vida fuera del martirio siempre y cuando lo hagan honestamente? Pues en un principio, me metí en la cabeza del ciudadano poco lúcido que vota a izquierdas porque se siente identificado con el candidato de turno, porque ha comprendido lo básico del mensaje pero tampoco es que reflexione demasiado y que baila un poco a merced de los medios de comunicación; básicamente y hablando claro, me puse en el papel del necio de a pie. Y desde este punto de vista, me pareció que este tipo de votante no comprendería esta situación y tragaría toda la basura que arrojarían sobre el público, los partidos de derechas generalmente (y los que no lo son tanto también...), así como la mediatización exacerbada y exagerada de los mass media afines a esta ideología, y cuyos intereses dependen de lobbies capitalistas. Recordé, entre otras apariciones, la rueda de prensa en la que Irene Montero metió la pata (hay que decirlo así de claro) con el tema del ático de De Guindos; si no se tienen todos los datos es mejor callarse y si te rebaten tus argumentos, y no te quedan más recursos pues lo ideal es reconocer el error cometido y disculparse; negar lo mencionado e irse no es lo mejor que se puede hacer. Pero quiero atribuir esta desafortunada situación al estado nervioso de Irene por el acoso y la presión sufrida así como a una cierta ingenuidad, que no es reprochable sino que, en mi opinión, revela una personalidad más bien cándida y honesta, poco acostumbrada a estos alborotos (y con razón). Luego comencé a reflexionar más calmadamente sobre el tema y en función de los comunicados de prensa de la pareja: se difundieron muchos datos, yo diría que demasiados, explicando el porqué de la compra, el importe de la hipoteca y su duración, fotos del lugar, detalles de las instalaciones, etc. Con toda esa información llegué a algunas conclusiones que ahora considero que no debería haberme ni tan siquiera planteado, y básicamente me dije: 800€ al mes debe ser más o menos el coste del alquiler de una vivienda en Madrid (y en otras ciudades españolas) en un barrio o zona en dónde le dejen a uno vivir tranquilo (soy actualmente víctima de la convivencia en un barrio popular porque ser humilde no significa siempre tener malos modales y a mi me gusta tener paz y sosiego de los que ahora me veo privado...). Así que el gasto no me pareció desmesurado y el proyecto tampoco pinta ser algo fuera de lo común, que yo también llevaría a cabo si mi situación lo permitiese. Luego llegó esta mañana llegó la noticia de la votación que las bases del partido deberemos llevar a cabo para determinar si tanto Pablo como Irene siguen en sus puestos de responsabilidad, y a priori pensé; ¡Pero cómo nos ponen en esa tesitura! Por una parte mi faceta de estratega me decía que en lo que a marketing se refiere, lo acontecido a sido llevado con mucha torpeza, pues ya sabemos cómo se las gastan los del PP, los de C's y hasta los del PSOE. Ya sabemos que los medios de comunicación son en su mayoría lacayos de importantes interese económicos que tiran de las cuerdas de los políticos y que por lo tanto su labor es la de llevar una campaña continua de acoso y derribo a una incipiente fuerza política que promueve un cambio profundo en la sociedad para reducir, aunque sea un poco las desigualdades que sufren los más humildes. Y sabiendo que están bajo la lupa mediática y conociendo la mala fe de los adversarios políticos, en ocasiones hay que pecar de prudente y mantener la imagen idealizada por algunos, en detrimento de su propia comodidad y bienestar; esto es duro, pero por desgracia, para sacar del poder a todos estos corruptos y malhechores públicos, hay que hacer algunos sacrificios, al menos hasta conseguir alcanzar una cierta posición de poder desde la que ya por fin se pueda ayudar a la gente de a pie. Por otro lado mi faceta humanista me hizo pensar sobre el devenir de la incipiente familia que quiere formar la pareja y su derecho a una vida digna y a poder ser cómoda; ¿Porqué negar a los demás lo que uno desearía para sí? También pensé en lo que comentaban algunas personas, en esta misma "Plaza Podemos", sobre las incoherencias entre el discurso político de Irene y Pablo y luego su modo de vida; que si tener una piscina no es ecológico (al menos con las políticas energéticas actuales), que si uno llega a cierta iluminación desde la sobriedad, he leído citas brillantes de Rousseau expuestas por los participantes de este foro y no ha faltado la comparación el ex-presidente de Uruguay (al cual admiro particularmente) y su vida austera y consecuente. Entonces, en medio de esta vorágine, miré un poco más a mi alrededor y me cuestioné sobre mi forma de ser y de pensar, que no siempre son coherentes: soy ecologista y miembro de Greenpeace, pero sigo utilizando un coche de gasolina porque de momento no puedo comprarme uno eléctrico y menos aún recargarlo en este país de forma gratuita (no como en Suecia por ejemplo). También viajo en avión porque tengo familiares que viven lejos y con el ritmo de vida al que estamos sometidos no me queda otra forma de ir a visitarlos en un periodo de tiempo razonable. Recordé también mi simpatía por la facción anticapitalista de Podemos pero al fin y al cabo sigo siendo un consumidor, que se esfuerza, eso sí, por ser responsable aunque no siempre puedo o quiero. Sin embargo sí que separo la basura para reducir la contaminación, intento no malgastar energía ni agua, me esfuerzo por comprar sólo lo que necesito y de marcas comprometidas socialmente. Y así con un largo etcétera; con esto quiero decir que pese a mis buenas intenciones y pensamientos constructivos, no siempre me es posible tener una conducta intachable y acorde con estos ideales, ya sea por comodidad o por fuerza mayor; pero no dejo de vivir por ello. Es cierto que yo no soy un personaje público y que no represento una corriente política, pero aún así me siento comprometido en dar ejemplo pese a no lograrlo siempre: es un hecho que tengo que asumir a mi pesar. Luego, esta misma mañana encendí el televisor y recordé que había escuchado que en breve iban a cancelar el programa de "Las Mañanas de Cuatro" (creo que se llama así), un programa aún lo bastante crítico con el poder como para molestar en vísperas de elecciones, así que puse ese canal recordando también la defenestración de Cintora y su posterior "rehabilitación". Durante dicho programa salió, como no, otra vez el tema del chalet de Irene y Pablo, con algunos comentarios bastante acertados sobre cómo se trató a los dirigentes socialistas cuando enseñaron su auténtico ser y los intereses económicos que realmente perseguían, en comparación con el trato a Irene y Pablo. También se habló del incumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, con una multitud de fascistas de este país manifestando su dudosa ideología en actos públicos. Se mencionó las curiosas agendas de los ministros del PP que siempre acaban en actos en las localidades donde viven y cuyo coste asumimos los contribuyentes y así unas cuantas patadas más en mi dignidad. También recordé algunos comentarios de Eduardo Inda sobre la camaradería entre periodistas y afinidades entre programas y medios que me revolvieron un poco más las tripas. Bien pues después de todo esto sopesé los errores casi triviales cometidos por Irene Montero y Pablo Iglesias en materia de imagen y comunicación, y los comparé con el estercolero en el que vivimos, y del que esta pareja, junto a muchos más, intentan sacarnos. He visto el peligro que corremos si al final cedemos ante la presión mediática y a los razonamientos “simples”, motivados por cierta envidia y poco espíritu autocrítico. Si al final cesamos a Irene y Pablo, pues les habremos dado la razón a todos los hipócritas de derechas que hoy señalan con el dedo una compra lícita y un deseo de llevar una vida familiar digna, mientras ellos siguen expoliando las arcas del Estado, mientras nos siguen robando descaradamente con sus contratos blindados a empresarios amigos. Mientras siguen destruyendo el ecosistema con sus políticas energéticas sectarias por mera codicia. Mientras se financian ilegalmente y utilizan la radio y televisión pública en su beneficio con una actitud que recuerda regímenes totalitarios de otras épocas (o no). Mientras algunos ciudadanos alquilan balcones para dormir o lo hacen en calle, los españoles seguimos manteniendo una monarquía que negocia con dictaduras y estados que colaboran con terroristas o que son participes de conflictos vergonzosos y sanguinarios. Seguimos pagando por una electricidad, unas energías que deberían ser gratuitas; ¡Hay campos de paneles solares en Inglaterra mientras en la Comunidad Valenciana no se ve ni uno! Se encarcelan a personas por las letras de sus canciones, por sus comentarios en alguna que otra red social mientras algunos otros se explayan en sus comentarios fuera de lugar y generalmente de índole fascista… Mientras tanto se está destruyendo el sistema de Sanidad Pública y Educacional, reservando el derecho a vivir y a aprender a los adinerados y poderosos. Mientras se está desmantelando el sistema de pensiones de nuestro país al tiempo algunos se envuelven en la bandera española y claman ser patriotas sin importarles el futuro de su pueblo. Y así una larga lista que sinceramente estoy harto de recordar. Y por otro lado me encuentro con el caso del chalet de Irene y Pablo, y miro toda la basura que el actual sistema me hace tragar día sí, y día también; ¿Y tengo que vilipendiar a una pareja por querer formar un hogar? Pues la respuesta es ¡NO! Así que voy a votar por la permanencia de Irene Montero y Pablo Iglesias en sus funciones, porque me quieren vender que un error de imagen es peor que toda la corrupción que me asfixia a diario.
Un abrazo y mi respaldo para Irene y pablo.
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2016.04.15 19:27 Cuervo09 Construcción de la realidad.

Colección: Realidad ingenua. Escrito #1 12/1/2016
Cassandra volteo de manera brusca cuando se sorprendió a si misma con su propio reflejo en el espejo. Se acercó al espejo cautelosamente y lo inspecciono de lejos con la intención de asegurarse que el espejo no se encontrara encantado o embrujado. El espejo era grande y rectangular, se podía apreciar desde una palma arriba de sus rodillas hasta el tope de su cabeza, un marco marrón oscuro bordeaba el gran espejo y este se unía a dos mesitas empotradas en la pared; decoradas con el mismo patrón que la pared que se reflejaba en el espejo, dando una extraña ilusión óptica.
Se acercó al espejo hasta quedar muy próxima a él, se miró a ella misma y comenzando en sus ojos contemplo el arduo trabajo de tallado y esculpido que la madre naturaleza había realizado sobre ella. Pasado unos momentos, se percató de la extraña ilusión óptica que las paredes de aquel cuarto de motel hacían con el espejo y los muebles en la pared. Miro a través del espejo la cama medio desarreglada, solo un poco arrugada de la esquina y las almohadas estaban en el piso, pensó en cómo habían llegado y recordó un poco que fue lo que había pasado hacia no mucho esa misma tarde de otoño. Acabado de recordar, paso su mirada a la ropa que había sido arrojada sin cuidado al suelo, sin darse cuenta como, llego al pequeño montón de ropa, se acuclillo y tomo una prenda; se la llevo a la nariz y la olio con decisión. Su blusa ya no olía al perfume que había comprado el fin de semana, gasto un tercio de su paga semanal en él, volvió a oler su blusa mientras pensaba en que iría a reclamar al lugar donde compro ese perfume, permaneció acuclillada y con la prenda pegad al rostro mientras imaginaba como el reclamo por el perfume barato escala a una discusión acalorada que desembocaba en una pelea encarnizada entre ella y la vendedora para luego ser atacada por todas las demás vendedoras, cuando pensaba que ella iba a ser derrotada, entraría su novio de manera heroica y vencería a las vendedoras malvadas, sin golpearlas, para después recogerla a ella del suelo y llevarla al altar dorado de la catedral del pueblo y casarse ahí, paras así vivir en una enorme casa blanca y tener muchos hijos.
Aquella hermosa y perfecta fantasía fue rota por un ruido en el baño que la hizo volver a la realidad, por un momento se asustó al escuchar ese ruido pues pensó que se encontraba sola, luego recordó donde estaba y con quien estaba. En un motel y con su novio. Tomo el resto de la ropa y la puso sobre la mesita que se encontraba empotrada en la pared a la izquierda de la cama. Tomo su bolso y lo puso sobre la cama y se sentó frente a él. Volvió a pensar en donde estaba y con quien estaba, le resultaba obvio que se encontrara en el motel, pues si era culpa del, de su novio. Dudo en meter la mano al gran bolso negro, desistió un poco pero la final la introdujo, solo que no tomo nada ni la busco, solo la puso ahí, en su bolso. Escucho otro ruido, volteo en dirección general hacia el baño, que se encontraba a la derecha de la cama o al fondo si se veía desde la puerta de la cochera y comenzó a pensar, en por que seguía con él. –“heme aquí”- pensó ella, -“tengo 24 años y aún me escondo para tener sexo y divertirme un rato.-“ volteo al cenicero e inspecciono que tanto había quedado del pequeño porro que habían forjado, volvió su mirada hacia la bolsa y una vez más comenzó a pensar en por que se encontraba ahí, en por que aún seguía con él, pensó en todos los buenos momentos que han pasado juntos, las vacaciones, los viajes, las comidas, pero con cada recuerdo que le traía una sonrisa aparecía uno o dos recuerdos que le habían regalado una o dos noches de llanto incontrolable al principio, luego solo fueron sollozos para pasar a ser solo noches intranquilas que la remetían a pensar en que es lo que hacía y a donde iba. Por fin tomo sin mucho interés aquello que buscaba en su bolso, saco una pequeña y delgada bolsa de plástico y de ella saco un conjunto de ropa interior hecha de una tela delgada y muy transparente, la tela era algo rasposa y seca al tacto, era visible que estaba hecha de material barato. Barato.-“ Por qué no me sorprende?”- recordó todas esas veces que se tuvo que conformar con algo barato o algo de poco valor, no es que quisieras cosas costosas o lujosas, solo quería sentir que era especial una que otra vez, contemplo el trozo de tela, se levantó de la cama y tomo el cenicero, levanto el porro con la misma mano que sostenía aquella delgada y frágil tela, recogió el encendedor de la mesa en la pared y prendió el cigarrillo, aspiro bastante humo, se inclinó un poco y puso el encendedor junto con el cigarrillo dentro del cenicero de metal. Camino hacia el espejo, se paró firmemente frente al espejo, soltó el humo y como antes, comenzó a mirar su cuerpo, primero criticando sus imperfecciones, una mancha en la piel, una arruga por allá y otra por acá, paso un rato buscando y recordando cómo es que se había hecho aquella arruga, mancha o marca en su cuerpo, de pronto llego a una marca poco común y muy peculiar, tardo un poco en reconocerla. Paso su dedo índice sobe la cicatriz que tenía sobre la pierna izquierda, acomodo su mano de una manera rara, la volteo para poder ver su palma y en ese momento sintió un deja va, seguido de una extraña sensación en su cabeza, se incorporó despacio y miro en sin prestar atención en algún punto en particular su cuerpo, abrió los brazos y junto los pies hasta formar una extraña y rechoncha cruz, se vio en el espejo y la tenue luz que las pequeñas lámparas despedía le daban un aspecto siniestro, se miró un poco más, corrigió su postura y colgó un poco la cabeza y pensó que ella podría ser una buena personificación de Jesucristo, acto seguido bajo los brazos y de disculpo de manera rápida por haber blasfemado de aquella manera.
Bajo la mirada y esta vez miro la cicatriz directamente en su pierna, la repaso con sus dedos y el deja va se volvió un recuerdo que evoco a una etapa de su vida que ya no recordaba o si la recordaba era porque volvía a ella. Por un pequeño momento que aun así le pareció demasiado largo, recordó aquella vez que corto de más, que por un momento pensó que iba a morir y no sabía que le asustaba más: el estar feliz porque al fin iba a poder dormir sin preocupaciones o pensar en que en verdad esa vez iba morir. Termino de recordar con tristeza, intento pensar en algo que la animara y volteo al cuarto para buscar algo y al no encontrarlo se dijo a si misma –“por qué no me morí esa vez, de saber cómo iba a terminar…-“y se disculpó de inmediato por haber pensado en eso. Volvió a intentar pensar en algo positivo de su día pero no encontró nada, se preguntó si estaba siendo pesimista o si en verdad no había nada en su día por lo cual estar feliz.
Tomo la ropa interior de tela fea y comenzó a vestirse, se estaba incorporando para subir la parte inferior de su juego de lencería cuando encontró una pequeña cicatriz con relieve y que había hecho cambiar el color de la piel de la zona cercana a ella, en su mano derecha. La miro con interés y recordó cuando se cortó con un cuchillo muy afilado, pero que él, su novio, le había ayudado a curarla y él había terminado la comida y que al final a pesar de haberse lastimado de manera grave, resulto ser un buen día por que ella había ayudado y consentido demasiado. De pronto comenzó a recordar muchas otras cosas más, como el día que él se salió del trabajo para ir por ella a otro lado o el día que él no fue con sus amigos para perderla llevar y recoger de otro lugar donde se encontraba ella, o el día que se enfermó por que se mojó tanto por que le presto su chamarra porque ella no quiso llevar la suya porque no le quiso hacer caso y llevar una chamarra porque iba a llover, o el día que la llevo por primera vez de vacaciones y muchas otras ocasiones donde ella afirmaba que esas fueron las razones por las cuales se enamoró de él.
Escucho otro ruido en el baño y una vez más pensó en que hacía con su vida, a donde se dirigía. Comenzó a estirar la ropa sin interés y sin prestar atención hasta que se hizo una pequeña fractura cerca de una costura y recordó todas aquellas veces que su corazón se había roto por culpa de él, la primera vez que le grito, el día que andaba de mal humor y se enojó y se pelearon en público. El día que encontró mensajes de otra mujer en su celular, la vez que se embriago y la dejo en una fiesta, o la vez que le desprecio una comida que tardo toda la mañana preparando. No se percató en que momento camino hasta la cama, se sentó y vio que se encontraba puesto a medias su conjunto, termino de vestirse y una vez se acercó al espejo, se acomodó lo que se tenía que acomodar, se arregló el cabello, pensó en llevarlo recogido pero decidió dejarlo suelto. Se retiró del espejo para ir a su bolsa y tomar un colorete, regreso al espejo, se miró y pinto sus labios con cuidado, intentando seguir la curvatura natural de los mismos. Se miró al espejo y decidió que se veía bien, se aproximó a su bolso que se encontraba en la cama y pensó en sí debería ponerse los zapatos de tacón alto que llevaba pero decidió en no hacerlo, no quería que se fueran a maltratar con el agua del jacuzzi del baño. Se acercó al espejo una vez más, se plantó de frente separo un poco los pies, puso sus manos en su cintura y se observó de cuerpo entero por primera vez. –“pues si no estoy tan madreada.”- pensó la afligida y morena muchacha, dio media vuelta y se aseguró que todo estuviera en su lugar. Camino hasta la cama y siguió pensando en que hacia ahí, con esa ropa barata y de tan mal gusto puesta. –“no esta tan mal”- dijo en voz alta. Recorrió el cuarto con su mirada como si buscase algo que le diera la razón a sus pensamientos, se levantó sin ánimo y recogió lo que ella supuso correctamente que era la ropa de su novio. La arrojo hasta la mesa donde se encontraba la ropa de ella y volvió a sentarse en la cama pero pronto se acomodó y se recostó. Continuaba dándole vueltas en su cabeza al tema que ya había discutido consigo misma y con algunas de sus amigas, intentaba repasar lo que ellas le habían dicho pero no recordaba todo del todo, recordaba frases o algunas palabras, no sabía si debía a su mala memoria o que simplemente estaba pacheca. Verdaderamente no sabía que hacer o cómo actuar, desde hacía algún tiempo que ella no se sentía segura en la relación, no es que hubiese otro ni nada por el estilo, era solo que el ya no era como antes, ella percibía que habían caído en una rutina, tal día se veían, el otro iban al cine, el otro a comer o cenar y el fin de semana: follaban. No es que ella quisiera algo mejor, solo quería que la relación volviera a ese punto donde todo se sentía espontaneo, casi mágico. Ella se lo había mencionado a él, hacía ya también algún tiempo pero nada había cambiado o habían cambiado para mal, se habían distanciado un poco, hablaban menos. No sospechaba que existiera otra, el, su novio, no tenía tanto tiempo libre o dinero como para mantener una segunda relación.
Ella creía realmente en que habían caído en una rutina, que todo era cuestión de hacer cosas diferentes, -“como hoy”- se dijo a sí misma. Que se suponía que había comprado ese conjunto para aviar un poco mas la llama, que no es que fuera necesario, pero quería hacer algo dieferente, -“quizá podría bailarle algo”- dijo en voz alta. Se percató que movía los pies en un tono más animado, se incorporó y se levantó de la cama, saco un pequeña charola de plástico de una bolsa más grande y puso sobre ella una variedad de botanas saladas y dulces. La puso sobre la cama y se aproximó una última vez al espejo para peinarse, arreglarse y acomodarse lo que se tuviera que peinar, arreglar y acomodar. Miro el reflejo del cuarto en el espejo, paso su mirada por la charola de botana y luego recorrió el cuarto, aun buscando alguna respuesta. Camino hasta la cama y tomo un cacahuete salado, se lo metió a la boca y mastico lentamente mientras se volvía a sentar en la cama. Pensó en si estaba haciendo lo correcto, se levantó con desespero al no poder tomar una decisión, camino hasta donde se encontraba su bolsa, la tomo y metió su mano derecha para buscar su celular. Saco su celular y pensó en llamar a su mejor amiga, luego recordó que ella aun no salía del trabajo; comenzó a vagar por los contenidos de su celular como si este pudiera albergar una respuesta, se encontró con fotos y canciones que ya no recordaba. De pronto llego a una foto que tenía mucho que no veía. Era una foto de ella y el en la feria, una de sus primeras citas, aun en esa foto se podía percibir que algo no estaba bien con él, no sabía si era la sonrisa de él que de alguna manera y sin saber por qué no parecía normal, pero tampoco forzada, quizá solo su rostro no tenía una manera de sonreír. Recorrió el rostro de su novio con atención, intento registrar cada detalle que notaba extraño en esa foto; busco una foto más reciente y al comparar los detalles que encontró que la expresión era la misma, busco otra foto y encontró lo mismo. –“quizá solo sale raro en las fotos-“Regreso a la foto de la feria y recordó lo bien que se la habían pasado ese día, recordó el oso de peluche que el gano para ella en un jueguito de tiro al blanco.
Dejo el celular en su bolso y se llevó las manos al rostro, no sabía qué hacer, se encontraba perdida. Levanto una vez más el porro y lo encendió, le dio un par jalones pero solamente porque ya no quedaba nada en ese pequeño porro. Agarro la charola de botanas y la volvió a colocar inmediatamente en la cama, camino hasta la bolsa de donde saco la comida y tomo dos cervezas de una bolsa de plástico que tenía hielo unas cervezas más. Las coloco en la charola y la levanto, y se enfilo al baño. El recorrido de la cama al baño le pareció más largo y letárgico que de costumbre, continuaba pensando en si era lo correcto, continuo recordando la tarde de ese día que fueron a la feria y se le ilumino un poco el rostro, se detuvo un poco antes de entrar al baño, para componer su estado emocional principalmente, pensó en entrar pero se detuvo un poco más, como si esperara instrucciones. Bajo la mirada y volvió a pensar en aquel día, pensó en que a lo mejor no todo estaba tan mal, pensó en que quizá si ella cambiaba un poco el la seguiría y si no pues ni modo, -“él se la pierde”- se dijo a sí misma, pensó que eso haría, que estaría bien consigo misma para que las cosas fluyeran de mejor manera y quizá así volver a tener mejores ratos, tardes más agradables y noches más memorables.
Se decidió entrar al baño y justo cuando esta cruzaba el umbral de la puerta, una figura la sorprendió haciendo que tirara la charola de dulces y botanas saladas, las cuales se regaron por todo el piso de azulejo del baño. Se molestó un poco, bajo los brazos y miro con enfado a su novio, quien había sido el que la había asustado, ella rio primero, le dijo que iba por el bote de basura para recoger todo lo que había en el suelo, camino recoger al bote de basura pensó que como iba a tener historias tan raras o graciosas con alguien más que no fuera el, pensó que estaba bien donde estaba, se encontraba con alguien con quien compartía gustos y disgusto y la mayoría de las veces sino es que siempre pasaban un buen rato juntos, ebrios o sobrios. Al regresar al baño encontró a su novio doblado hacia enfrente por la cintura en una manera extraña y este se encontraba recogiendo, no, comiendo las botanas del suelo, como si fuera un ave. Fue en ese preciso momento cuando Cassandra descubrió que su novio en realidad era un gran pollo.
Dime tú Kikiri Boo, por qué no eres un pollo más normal, usas disfraces quieres ser humano, y no eres un hombre eres Kikiri Boo. Referencia: https://youtu.be/6qgvwaCl0S4?t=7s
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